lunes, 19 de marzo de 2018

JOSÉ MIGUEL BORJA RECREA LA MAGIA DE LOS LIBROS

Los libros de José Miguel Borja siempre viajan por todas las épocas y construyen destinos que remiten a lugares lejanos o a espacios de la geografía más próxima. Es imprevisible saber a dónde nos conduce al pasar las primeras páginas de un nuevo título. Porque su mundo de origen, Gandía, la comarca valenciana de La Safor, la tierra donde se afianzó la saga de los Borja, papas, santos y cardenales, no tiene fronteras. Por el norte puede que limite con Inglaterra y la Costa Azul, por el sur con la negritud y el esclavismo, al oeste encontraremos Chile y Cuba y por oriente alcanzaremos a los valencianos que habitaron Roma y Nápoles y llegaron a Estambul. El mundo de ficción que recrea la pluma de mi querido amigo José Miguel se mueve en un espacio universal, guiado por una inmensa curiosidad, un sentido irónico de la vida y una agudeza visual que se apodera de todo lo que ve y siente.

            Quiero destacar que su última novela que acabo de leer, La magia que nos lleva (editada por Entrelíneas Editores), me ha despertado un inmenso placer, porque los libros y las historias que se encierran en sus brillantes palabras, se transforman en seres animados a los que hay que amar y buscar sin pausas. En este caso se trata de la biblioteca antigua del último gobernador de España en Chile, legado de tres generaciones de la familia Valdivia, amigos de los Allende y descendientes de un jesuita que casó con una princesa araucana, legado que han podido disfrutar cuatro generaciones, mientras la quinta empieza a pensar en venderla. 

         
La primera parte de la novela está marcada por el gran viaje histórico y espiritual que realizan los libros y sus propietarios, en el que el lector pasa de la fantasía a la realidad histórica guiado por un narrador que es más mago que relator. La segunda parte adquiere tintes de un breve thriller en el que continúa la ambivalencia entre realidad y ficción, sueño y realidad, sin que ello inquiete al lector porque ya sabe que se está hablando de libros que tienen poderes para construir trucos asignados solamente a los magos. Esa capacidad de fascinación y de imaginación está presente en todo el relato. Da lo mismo que la capacidad de transformación que su lectura genera se encuentre en la mente del lector o solamente en las páginas impresas del volumen, porque en la novela de José Miguel Borja el cuerpo del inspector Marlowe huele a letra impresa.

            La narración, que hubiera deseado más larga para disfrutar más tiempo, es fascinante desde la primera página, como buen número de las novelas y ensayos que el autor ya ha publicado –casi una treintena de títulos-. Borja ha alcanzado una madurez narrativa en la que puede presentar un universo literario bien construido, gracias al esfuerzo de años de escritura y lectura. Como si formaran parte de un espacio inmaterial con vasos comunicantes, algunos códigos y situaciones que ahora leemos remiten a obsesiones que ya nos ha descrito. Por ejemplo, los hemisferios de Magdeburgo, invento científico que demostraba la presión que la atmósfera ejerce sobre los que habitamos la tierra. Al leer este nombre me llega el aroma de la nostalgia y el humor aplicados a las experiencias familiares de una de sus primeras novelas. Lo mismo me sucede cuando algún personaje emplea un veneno, extiende un ungüento o habla de una medicina. Su ensayo sobre medicinas prodigiosas promocionadas por la publicidad del XIX y principios del XX está presente en la memoria del lector. Ahora el autor recuerda que el libro Las muy ricas horas, del Duque de Berry, una joya de códice, dedica notoriedad a este pensamiento, que da pie al título: “Los libros son la magia que nos lleva por la vida”. Como aquel Llibre d’hores que Borja escribió en 1990.  Imagino que para un autor es un halago que le señalen estas asociaciones de imágenes y nombres que relacionan todo su universo creativo, porque demuestra coherencia, inteligencia y perseverancia en sus razones para regalarnos ficciones. 

           

Hace un tiempo tuve oportunidad de presentar su novela El nieto secreto del general Franco (Nadir Libros, 2000) y aproveché la oportunidad de resumir su perfil biográfico con una metáfora sobre el ojo humano. Creo que quise decir algo parecido a lo que a continuación escribo. José Miguel comenzó en sus años mozos curioseando los misterios de la imagen, porque descubrió en edad temprana que lo que más se aproximaba a las fantasías y ensoñaciones cultivadas en los inolvidables años de colegio de curas era precisamente el séptimo arte, las imágenes en movimiento. Su partida de nacimiento indicaba en el apartado de observaciones: “le gusta pensar en imágenes, porque es marcadamente soñador”. De modo que en sus años universitarios estudió las técnicas del cine, compartiendo aulas en Madrid con Basilio Martín Patino y otros interesantes cineastas.
            Luego descubrió que el mundo también se podía concentrar en imágenes sin movimiento, y se puso a prueba creando libros de fotos. Así podía recuperar la memoria colectiva de su gente y determinadas ciudades valencianas. Planteó la posibilidad de contar algunas vidas, culturalmente ejemplares, en un nuevo género literario bautizado con el nombre de fotobiografía.
            Pero la vida no pasa en balde y José Miguel, antes de dedicarse en exclusiva a la escritura, descubrió otro arte visual, el que aplica el óptico desde su observatorio-consulta. Comenzó a observar que tras los ojos de sus clientes se escondían unas imágenes y unos sueños capaces de construir novelas trepidantes, llenas de miradas de múltiples colores. Observando nuestras pupilas descubrió espejos que reflejaban múltiples figuras, comenzó a cultivar el oficio de escritor y rompió el miedo para construir ficciones literarias. Comenzó a intuir en cada una de esas miradas desconocidas de sus clientes, el tono y el brillo que podían adquirir sus personajes de ensueño.
Si debo definir al escritor y buen amigo del que hoy tengo el gusto de comentar su última novela, lo haría con muy pocas palabras: es un excelente coleccionista de las fotos y los libros de la vida, a los que sabe poner voz y alma, pasión, humor y memoria. Un espíritu libre y literario que sabe volar por todas las épocas de la historia.

domingo, 18 de febrero de 2018

LA ÚLTIMA NOVELA DE MARÍA GARCÍA-LLIBERÓS

La escritora María García-Lliberós ha roto sus habituales períodos de transición entre novela y novela al presentarnos "La función perdida", su nueva propuesta literaria, cuando todavía los ecos de su última narración "El diario de un sombra" seguían vivos, ocupando espacio preferente en los estantes de las librerías valencianas. Y es que, precisamente, la amplia difusión que ha tenido el diario ha sido la razón, creo, para que emprendiera pocos meses después la aventura de contarnos una ficción realista, en clave de humor e ironía, sobre lo que significa jubilarse en la administración cuando los tribunales están ocupados con procesos de corrupción y los representantes políticos hablan del ocaso de "los últimos jubilados de oro" si no se capitalizan las arcas de la seguridad social. Editorial Sargantana, firma responsable de la edición de los dos títulos, tiene en María uno de los principales carteles de su colección de literatura.
El tono realista que caracterizan las ocho novelas escritas hasta ahora por la autora, una trayectoria profesional que estrenó oficio el año de las Olimpiadas de Barcelona, mantiene un excelente tono y forma literarios en este volumen, de carácter introspectivo y reflexivo sobre lo que significa la jubilación para un ingeniero que lo ha sido todo en la administración pública y que se mira ante el espejo el primer día que no suena el despertador, preguntándose cómo reinventar su vida, cómo adaptar sus hábitos, con quien compartir sus días.

Este punto de arranque ya forma parte del código literario de nuestra querida amiga. Habitualmente la protagonista, en anteriores libros, comienza la relación con el lector poniendo al descubierto un reto que le angustia al mirar el pasado, al vislumbrar el futuro. La diferencia entre las anteriores tramas y la actual es que las 360 páginas de "La función perdida" no reconstruyen un laberinto de conflictos para alcanzar la comprensión y la explicación final de los personajes al término del relato, sino más bien aquí se apunta hacia una vida sin sobresaltos, un entorno social familiar y de amistades en el que más o menos cada pequeña epopeya ya está situada en su sitio, precisamente el espacio de la jubilación laboral, que no vital, donde los proyectos, a juicio de la escritora, son básicamente el disfrute diario de la vida, de los sentimientos del amor y la amistad, y de la libertad de disponer de un tiempo lento y previsible. 
Emilio Ferrer Fontana, exjefe del área de proyectos de una Dirección General de Infraestructuras, ha estado durante muchos años en el centro de las conspiraciones y presiones para conseguir contratas, para anticipar información sobre regulación de suelo urbano, para compensar favores políticos. Ante si mismo tiene la conciencia tranquila, excepto con un expediente en proceso de revisión judicial, y ante los demás, jefes y empleados, proyecta la misma imagen de haber sido un técnico justo y honrado, que nunca perdía el control de los procedimientos. 

Es la primera vez que María construye un personaje varón, a través de cuya mirada pasa todo el relato y sus tramas. Emílio es la única voz narrativa que juzga y analiza a hombres y mujeres, que señala y desenmascara miserias de propios y extraños. En esta ocasión algunos perfiles de mujer están marcados por un trazo grueso, casi odioso, mientras los personajes masculinos despiertan mayor complicidad. En el caso de su amigo de juventud Guillermo, también jubilado, se construye una especie de alter ego que alcanza objetivos a los que Emilio, por tener un talante más conservador, no presta suficiente atención. Varios caracteres femeninos, sin embargo, también tienen su variante positiva: corresponde al de mujeres, con un papel subalterno en la estructura social y profesional de Emilio y Guillermo, que aportan la bondad del amor, la lealtad y la fidelidad como el valor máximo para jubilarse con el corazón activo y emocionado.

La intención humorística y sarcástica es evidente en este libro de García-Lliberós, pero no en todas las situaciones que describe resulta tan brillante como cuando el narrador se dedica a investigar las infidelidades de su vecina o cuando su amigo Guillermo comparte con él los deseos irrealizables de eliminar a su esposa. El buen humor es un recurso humano imprescindible para abordar la jubilación y compensar la marginación a la que la sociedad quiere abocar a aquellos que ya no aportan fuerza laboral y genio creativo.
En las primeras líneas de "El juego de los espejos" Emerano Alcántara, de 46 años recién cumplidos, mira a su esposa Paula y emite un largo suspiro, testimonio de la batalla existencial y matrimonial que está librando en su interior, en silencio. En "Cómo ángeles en un burdel" Angélica nos anuncia el comienzo de la escritura de su diario para poder escuchar las voces interiores que le oprimen por haber vivido mucho y muy rápido. La toma de conciencia del personaje femenino en  "Lucía o la fragilidad de las fuertes" consiste en contarse su propia historia, ponerla por escrito, ordenarla, para empezar a quererse. El personaje central del abogado Joaquín, en "Equívocos", confiesa en las primeras líneas de la novela que quiere levantar acta imaginaria de su vida después de ser abandonado por su amigo y compañero Sergio. Al comienzo del "Diario de una sombra" Gabriel Pradera proyecta su muerte por no haber sabido resolver un conflicto moral que arrastra desde joven. 

Los arranques de los textos literarios de María indican, a menudo, que el personaje busca la introspección para ofrecer la explicación que el lector y el seguimiento de las tramas merecen. En "La función perdida", una buena novela de madurez literaria y vital, esa introspección no está marcada especialmente por la acción o las intrigas literarias, ni por la interacción y la evolución de los numerosos personajes de la novela. Prima más bien la reflexión del narrador, la descripción de sus observaciones, el análisis de la conducta propia y ajena, la aceptación de una realidad que viene determinada por todo lo que Emilio ya ha vivido y que ya conoce. Prima su voluntad de adaptarse a esa realidad, evitando conflictos y cambios, y de vivir el amor que su propia vida le ofrece como fruta madura de un árbol que fué poderoso, manipulador y eficiente.  

lunes, 4 de diciembre de 2017

ZAPATERO Y ARTUR MAS, CARA A CARA

Se prometía un duelo interesante. La escena televisiva podía cubrir ampliamente las expectativas de la audiencia.  Era una gran oportunidad para ver y escuchar atentamente, a cara descubierta, a dos de los políticos que más experiencia tenían, y siguen teniendo, sobre el conflicto de Cataluña en el marco nacional de España. Gracias a Jordi Évole, que se ciñó escrupulosamente a su papel de moderador -a ejercer una mediación preocupada en desatascar el juego dialéctico si se producía-, el debate siguió una dinámica y una dramaturgia de interés general.
Zapatero y Mas, Mas y Zapatero, cara a cara, protagonizaron un intento de acercamiento político. Se conocían de antemano. La supuesta confianza estaba avalada por los frecuentes y variados encuentros públicos y privados, que tuvieron durante las dos legislaturas en las que José Luis Rodríguez Zapatero ejerció de presidente del gobierno español. Se aproximaron bastante en la televisión. Hasta que uno puso sobre la mesa el respeto a la legalidad y otro el mandato del pueblo catalán, que nunca va a encontrar mayoría parlamentaria en España para satisfacerlo.
            A juzgar por las palabras y los testimonios, el espectador podía pensar que allí no había fingimiento ni interés de manipulación: los dos estaban expresando su verdad, la verdad de unas negociaciones compartidas por ambos en los años en los que fueron interlocutores de dos realidades políticas, en la actualidad antagónicas e irreconciliables. Por esta razón, porque se conocen entre ellos, y no desconfían el uno del otro, empezaron hablándose de tú. Pero pronto cambiaron el tratamiento. El espacio de grabación no era la sala de estar de su casa, sino un espacio público con audiencia garantizada. No cabía establecer un diálogo entre colegas. La penumbra, casi tinieblas –cuando el encuentro se produjo tiempo atrás con Felipe González, en el mismo lugar, había más luz eléctrica-, era la escenografía elegida por la cadena de televisión. El momento requería gravedad y dramatismo.
Hoy es difícil que un espectador informado y reflexivo no desconfíe de todo lo que ve y escucha, hasta de los programas de televisión, como este, que se inspiran en técnicas del cinema verité y, en ocasiones, del más cercano discurso del falso documental (recordemos su reconstrucción del 23F). Todo mensaje informativo está sometido a revisión, pasado por el tamiz, afortunadamente, del juego de adivinanzas y el punto de vista de la ironía.

 Artur Mas ha modelado su rostro con una media sonrisa, que hasta cuando se muestra absolutamente cabreado, desconcierta a cualquiera de sus oponentes: “¿Me está mirando con desprecio desde su atalaya? ¿Se toma a risa mis respuestas? ¿Cómo es posible que no sepa distinguir entre el drama y la comedia? ¿Por qué no cambia la expresión de su rostro?”. Y con José Luis Rodríguez Zapatero se produce un desconcierto parecido: Si uno mira sus labios y la expresión general de su boca, sin escuchar la gravedad sonora de sus palabras, estos transmiten dureza, firmeza, tragedia. Pero si desplaza la mirada a sus ojos aparece en el interlocutor una sensación de cercanía, es la mirada de quien siempre confía en que los problemas puedan resolverse pactando y negociando en el marco jurídico de la democracia. Es un interlocutor que con su boca expresa una palabra rotunda (¿la última?), mientras que con los ojos deja la puerta abierta para nuevas formulaciones del oponente, antes de que el final del drama sea irremediable.

            Aun así, no las tengo todas conmigo, no creo que acabe de dominar con mis reflexiones la escena televisiva creada por Évole, a la que asisto como espectador curioso. Y decido ir a la búsqueda del libro de Justo Serna, Bestiario español (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2014), una semblanzas contemporáneas dedicadas a los principales actores de la política española de los últimos años, para encontrar otros rasgos de personalidad que yo no acabo de descubrir en el cara a cara organizado por la Sexta. Una semblanza –lo afirma Serna, recordando a Pio Baroja- es una recreación breve, sólo atisbada, de rasgos presentes en el sujeto retratado.
            El autor del ensayo lee todo lo que se escribe sobre los políticos españoles, sean conservadores o socialistas, sean populares o bolivarianos, procedan del comunismo o sigan poniendo velas a la Falange española. Piensa que el presidente de ojos azules se ve a sí mismo como “epítome de su tiempo, ejemplo de su generación: reúne varias características sociológicas imprescindibles y las hace valer con astucia, con maquiavelismo”. Considera que su cercanía social no es una actitud impostada, aunque la gravedad de su timbre de voz transforme en trascendental el mensaje más ligero. “Es y se sabe un calco de mucha gente. Por eso pone el énfasis en su condición corriente, en su aspecto normal: eso que tantos esperan de un tipo muy parecido a nosotros”. (¿Por qué cuando Rajoy apela a su vocación de normalidad uno no acaba de creérselo, y, sin embargo, esas palabras en boca de Zapatero acabas aceptándolas?).
            Busco el perfil de Artur Mas y me ayuda a entender la realidad. “La primera vez que vi a este político catalán [escribe Justo Serna] me dije: “Hombre, qué mozo más guapo. Tiene buena planta y un hoyuelo”. Luego me fui corrigiendo. Tiene una mandíbula que no le favorece, como de personaje de historieta, con un trazo excesivamente anguloso, firme, sobradamente viril”.  Y sigue en sus apreciaciones: “No hay manera de verlo con aspecto informal. Como tampoco hay manera de verlo sin la senyera. Tal vez, la Presidencia de la Generalitat se lo impide. Ay, el maldito protocolo […] Habla bien, verbaliza y gesticula con porte, no como Pujol, que cerraba los ojos, torcía la cabeza y balbuceaba. Pero Mas es un político que traerá la decepción y la inquina, la frustración”.

Estoy esperando que en una próxima entrega editorial del bestiario español Serna nos describa las plegarias de Junqueras y Rovira, el canto al viento de Puigdemont, las aventuras imaginativas de Miquel Iceta, la cruzada olímpica de Albert e Inés. Es un catálogo imprescindible para entender la escena política y aprender a identificar los diferentes papeles asignados en el reparto.
El profesor Serna usaba el término farsa para describir la realidad política valenciana en otro ensayo que escribió en 2013 (Ediciones Akal, Madrid, 2013) donde analizaba los personajes del drama Barberá-Camps. Los códigos de la representación teatral resultan muy adecuados para analizar el debate político. Pero entre sus protagonistas hay una diferencia radical. Los actores saben que en escena fingen un papel, ponen toda su energía en el trabajo para hacer verosímil la acción que quieren construir. Luego, fuera de escena, vuelven a ser reales y cotidianos. Da la impresión que en política hay bastantes protagonistas que toda su vida es puro fingimiento, adaptan el texto a lo que su gente quiere oír en cada momento y no a lo que piensan o la realidad sugiere.


sábado, 5 de agosto de 2017

MACASTRE :DONDE VERANEABAN LOS ESCRITORES DE LA RENAIXENÇA (II)

(Continuación del pregón de fiestas que presenté en la población de Macastre en agosto de 2017)

Ferrer i Bigné en el diario Las Provincias escribió en septiembre de 1883, sobre una tradición de los pueblos de la comarca, a raíz  de la expulsión de los moriscos. Se pensaba que en el viejo castillo de Macastre, al tenerse que embarcar hacia África precipitadamente a raíz del decreto de expulsión que firmó el monarca español, los moriscos habían dejado ocultos numerosos tesoros así como las llaves de sus casas, por si algún día podían volver. Por causa de esa leyenda se llegó a realizar un día excavaciones en el castillo, que no sirvieron para nada.

Ferrer i Bigné en el mismo artículo subrayaba que el verdadero tesoro del pueblo era la afluencia de forasteros y veraneantes, el aumento del valor de las fincas rústicas y urbanas y el desarrollo de la riqueza pública con la llegada a Buñol del tren Valencia- Cuenca- Madrid, lo que aportaba riqueza real y no fantasías a Macastre.
En aquellos veraneos de los escritores de la Renaixença, los Escalante, el matrimonio y sus seis hijos, no faltaban nunca a su cita estival con el pueblo. Para ellos Macastre era el paraíso. Desde el pueblo, el dramaturgo Eduard Escalante dirigía cartas a sus amigos de Valencia,en estos términos: “desde este ameno retiro, desde estas frescas montañas y estos pintorescos sitios, descansando sobre un lecho de romeros y tomillos a la bienhechora sombra de un frondoso y verde pino…” Y así, con estas dulces palabras, seguía su carta que, en realidad, era un poema de exaltación del verano, las vacaciones y la riqueza natural de vuestro pueblo.
Todos estos nombres de Llorente, Millás, Escalante, Ferrer i Bigné, que forman parte de nuestra tradición literaria, representaban a la Renaixença, el movimiento cultural que creó la identidad regional valenciana en el siglo XIX. La recuperación que estáis haciendo de estos hechos, de esta historia, estoy convencido que puede impulsar, de hecho ya está impulsando, un nuevo renacimiento de vuestra vida cultural y social.
Queridos amigos, queridas amigas de Macastre, disfrutad con las fiestas que hoy comienzan.
Hace más de cien años pasar el verano en Macastre era una delicia. Y hoy, en el año 2017, también es un regalo para el espíritu y el cuerpo.
Las horas se consumían comiendo los higos de la senda de Santa Bárbara, subiendo al castillo, buscando un río o una alberca para bañarse, representando sainetes y comedias, leyendo poesías y cuentos, organizando cenas de sobaquillo, tertulias y juegos de cartas.
Como se ve en esta foto de 1927, la gente gozaba en las fiestas del verano con las tracas y la música de banda. Como diría Miguel El Sarriero, uno de vuestros vecinos ilustres, usando su vocabulario macastreño: “en vacaciones los veraneantes se comían una fotraca de clavillaus”. Palabras que quieren decir que comían muchísimos higos muy maduros.
Vecinos y visitantes de Macastre. Vivís en un pueblo que sigue mirando hacia el futuro con optimismo. Hay gente joven entre vosotros, gente que nació después de la Transición, que trabaja por transformar Macastre en un pueblo acogedor, abierto al turismo cultural y rural. 
Os animo a que pongais magia e imaginación a todas las actividades que hagáis durante las fiestas patronales, como se refleja en esta foto tomada a los universitarios de Escena Erasmus en el castillo.  Gozad con la música excelente de vuestra banda Santa Cecilia, y con la formación invitada Unión Musical Lira Realense de Real, que esta noche van a actuar para todos nosotros.
Divertíos con la música de todos los estilos y ritmos, pasadlo bien con el baile y con el deporte durante los días de  fiestas. 
Esforzaos como hormiguicas inteligentes para ganar los diferentes premios del concurso de paellas. Disfrutad del buen comer y de la buena siesta. Sorprenderos con el teatro, la cultura y la pólvora.    
Felices fiestas. Bones festes.
Moltes gràcies per escoltar-me. Bon estiu.
Muchas gracias por escucharme. Feliz verano.

MACASTRE: DONDE VERANEABAN LOS ESCRITORES DE LA RENAIXENÇA (I)

(Este verano de 2017 he tenido el placer de hacer el pregón de las fiestas patronales de Macastre, pueblo donde permanecen ancladas numerosas raíces de mis antepasados por parte de padre. Así me expresé entre centenares de vecinos que llenaron la plaza. Las imágenes proyectadas sobre una pantalla iban ilustrando mis palabras) 

Queridos vecinos, queridas vecinas, queridos veraneantes de Macastre, buenas noches.
Estimats veïns, estimades veïnes, benvolguts estiuejants, bona nit.

Estoy encantado de poder invitaros a participar en las fiestas patronales de este verano.
Me siento orgulloso de animaros a compartir el interesante programa de actividades que os proponen este año las diferentes organizaciones que dan vida social a este pueblo.


De manera muy especial, me produce una gran alegría que sea el Ayuntamiento quien ha pensado en mi persona para hacer el pregón de las fiestas de 2017, después de honrar nuestra memoria familiar dedicando una calle a mi bisabuelo Manuel Millás.
Yo no he nacido en Macastre. Ahora tampoco soy veraneante. Sólo soy visitante habitual.  Pasé los veranos hace un tiempo en la zona del Bolot. Por tanto, me considero un higuero, satisfecho de haber combatido el calor con los buenos manantiales de este pueblo.
No soy de Macastre. Pero siempre he considerado que parte de mis raíces se encuentran en este pueblo, en esta comarca.
Mi bisabuelo paterno Manuel Millás Casanoves, dramaturgo y poeta, ayudó a convertir Macastre en destino de moda de veraneo en tiempos de la Renaixença. 
Inés Sagreras Ferrer es mi bisabuela, y también vivió en Macastre. Nació en Menorca, al igual que su hermano Juan Sagreras.
Este menorquín fue un hacendado, un empresario del siglo XIX, que tuvo la quimera industrial de elaborar queso de estilo menorquín en tierras de Macastre.
La travesía del pueblo tiene su nombre, el de Juan Sagreras Ferrer, desde hace mucho tiempo.
Inés fue, primero, la novia de verano de Manuel y después su esposa. 
Inés y Manuel, mis bisabuelos, tuvieron su gran casa en la calle Mayor, esquina con la plaza de los Árboles, según se distingue un poco al fondo en esta foto de 1915.
Mi abuelo paterno Manuel Millás Sagreras se casó con una macastreña, Salvadora Mossi Bolumar, en vuestra iglesia de la Transfiguración del Salvador, el 10 de abril de 1907.
También tuvieron su casa en la calle Mayor, en el número 4, hasta que murió mi abuela Salvadora y entonces sus herederos la vendieron. 
Siento que la energía vital de este pueblo, la vida social de sus calles, circula por mis venas y me remite a las vivencias de mis ancestros. 
Mi padre, Manuel Millás Mossi, levantó en unas huertas heredadas de su madre en la zona del Bolot una casa rural, llamada Los Cedros, en la que pasé entretenidos días de vacaciones. 
Esta casa fue fotografiada desde el castillo por un diario valenciano cuando cayó la gran nevada del 12 de febrero de 1983. 
El fotoreportero Jesús Ciscar, buen amigo mio, higuero que veraneaba en los chalets de los Cuatro Caminos, fue el autor de la instantánea. 
No he nacido en Macastre, pero he crecido bebiendo agua del Bolot. La recogíamos en garrafas el fin de semana cuando veníamos a visitar a los familiares del pueblo.
Precisamente en El Bolot, la familia de mis bisabuelos Inés y Manuel, organizaba reuniones con hijos y amigos, comidas y meriendas al aire libre, como podéis comprobar en la foto de 1905.

Hoy vuelve a salir agua por el Bolot y por La Fuente Grande, donde nuestros antepasados buscaban la sombra y la buena brisa para entablar una larga conversación entre amigos.
También sale agua por la escondida fuente de Santa Bárbara, después de unos preocupantes tiempos de sequía.
El agua es uno de los grandes recursos que atrae veraneantes al pueblo. Pero es un bien escaso en esta época. Ojala siga saliendo durante muchos años. 
Por el contrario, el fuego no es una circunstancia escasa, es una amenaza permanente que pone en peligro la existencia de vuestros inmensos bosques y montes. En el paseo del Bolot, un pequeño olivo, representativo de una Europa solidaria y abierta a los refugiados, está por fortuna creciendo con fuerza, y es un símbolo de lucha contra esos incendios injustificables que os han hecho mucho daño.
Yo sé,  porque lo he leído en periódicos y  libros antiguos, que en época de mis bisabuelos, de vuestros antepasados, aquí, en verano, se organizaban veladas culturales por la noche, como la que estamos celebrando hoy, se representaban sainetes y comedias en casa de los Navarro, actual sede del Ayuntamiento.

Se invitaba a visitar el pueblo a los escritores e intelectuales de Lo Rat Penat, como Teodor Llorente, fundador y director de Las Provincias, y Rafael Ferrer i Bigné, erudito, escritor y destacado miembro de la redacción de este periódico.
Luego, estos visitantes y veraneantes escribían artículos en la prensa. Y su lectura despertaba la curiosidad de nuevos viajeros.  

jueves, 20 de julio de 2017

PRIMER ACTO CUMPLE 60 AÑOS EN ALMAGRO

El espectáculo que habíamos preparado para el Festival de Almagro y que protagonizamos los miembros del Consejo de Redacción de la revista, con la estimable colaboración de algunos actores y dramaturgos, pretendía ser una lectura condensada de los episodios más elocuentes que había tenido nuestra publicación, desde el primer número que apareció en 1957, dirigido conjuntamente por José Angel Ezcurra y José Monleón. Nos encontrábamos en el Corral de Comedias para celebrar un cumpleaños y para desarrollar, por ese motivo, un ejercicio de memoria cultural en un país donde las revistas teatrales no son, precisamente, las que más larga vida informativa tienen.
El exilio teatral republicano constituyó una de las partes de la lectura, donde Ángela Monleón, nuestra querida directora, recuperó la voz de los exiliados de la guerra civil, yo evoqué la cifra literaria de un millón de muertos y del medio millón de republicanos que huyó con lo puesto por la frontera francesa, mientras que el escritor Ivan Repila evocó el sufrimiento de Machado y su familia en Collioure.


Así, paso a paso, página a página, convocamos la figura de Max Aub, cuya obra y memoria José Monleón plasmó en su pieza teatral "Transterrados". Pusimos voz, también, a una de sus musas bautizada con el nombre de Ofelia en el citado texto teatral. La velada cultural adquirió un lirismo intenso en la reencarnación de ambos papeles que Paco Ortega e Isabel Rodríguez llevaron a cabo, marcados por el lamento, siempre al límite, de "El cant dels ocells".


Carmen Losa, directora del espectáculo, introdujo la polémica que marcó el ambiente teatral de los años 60 entre un Buero Vallejo (encarnado por el periodista y dramaturgo Ignacio Amestoy) dispuesto a estrenar un teatro posible y un Alfonso Sastre (el actor Paco Obregón) irritado por aceptar cesiones  ante la presión continua de la dictadura franquista. En ese debate estuvo Primer Acto, como también tuvo protagonismo informativo en las primeras aventuras escénicas del llamado teatro independiente, alternativa que se levantó con inmensa inteligencia dramatúrgica y escénica y con una entrega total a la causa por parte de los autores y los actores. El texto de Sanchis Sinisterra, "Ñaque o de piojos y actores", en definitiva, el arte de los titiriteros, encarnado en las soberbias actuaciones de Sato Díaz y Asier Etxaniz, traspasaron la cuarta pared y convirtieron el corral de Almagro en un templo de magia y emoción.


El texto de Samuel Becket "Esperando a Godot"  apareció en el número 1 de la revista, en la primavera del 57, cuando en la prensa española al Premio Nobel se le acusaba de aburrido, antiteatral, blasfemo, materialista y destructivo. Así hemos seguido, desde entonces, publicando en cada número textos de los dramaturgos que más podían incomodar a la cultura establecida del momento, aquellos que recibían más descalificaciones. Y es que el director de la publicación, José Monleón  (hace un año que falleció) siempre quiso ser rebelde con causas. Su experiencia de la injusticia y la violencia como niño de la guerra civil española le hizo ser de mayor un adulto a favor de la paz, un amotinado incombustible, un incansable creador de puentes culturales entre Oriente y Occidente.


Desde 1986 pertenezco al Consejo de Redacción de Primer Acto. En ese año, mi trabajo en verano en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, formando parte del equipo organizativo de José Monleón, me sirvió para descubrir que en estos certámenes estivales se pueden arropar los espectáculos con un conjunto de debates, seminarios y publicaciones culturales que describen la dinámica social y el punto de vista artístico desde el que se recuperan los grandes mitos y leyendas del teatro grecolatino. En Almagro tuve la impresión que el trabajo realizado por su directora Natalia Menéndez, goza de la misma impronta, pero aplicada al teatro clásico español y por tanto europeo. En Mérida me incorporé a la tripulación cultural de Monleón y desde entonces no he abandonado la nave.



Ciertamente fué una noche espléndida la que pasé sobre el escenario del Corral de Comedias, compartiendo escenario con Guillermo Heras, Borja Ortiz de Gondra, Irma Correa, Leyre Abadía, Nieves Mateo, Itziar Pascual. Nieves Rodriguez y algunos amigos más. Los 60 años de travesía cultural de Primer Acto son fruto del coraje y la resistencia, de los que entendemos que el teatro es un lugar de revelación y de encuentro. Son las palabras que empleó Ángela Monleón  para dar vuelo y esplendor a la nave que condujimos esa noche por mar adentro, por tierras de La Mancha.

lunes, 14 de noviembre de 2016

CLAROS DE LUNA LLENA

   Hoy lunes 14 de noviembre, noche de superluna, Nacho Mañó y Gisela Renes han estrenado en las redes sociales y en la radio su canción "Todavía", de su álbum "Tonada de luna llena", que se presentará el  próximo mes de enero. He tenido el placer de poderlo escuchar completo y haber conocido desde hace meses su contenido en varios recitales y encuentros. Estas son las emociones que me transmite.   Disfrutadlo cuando tengáis oportunidad. Un auténtico regalo para los sentidos.




Me gusta tomar baños de luna llena. Abrir las palmas de las manos hacia arriba, mirando la luna, para que su energía atreviese como clavos los caminos de agua y hierro que alimentan mis sueños. Son baños que dan luz a mi piel y brillo a mis ojos.

Sumergirme en la noche iluminada me hace sentirme dos veces vivo. La que disfruto aquí en la tierra. Y la existencia sideral que allá a lo lejos me ofrece el horizonte. Una distancia que me permite entrar en comunión con mis hermanos del universo. Mis deseos viajan hacia tierras que desconozco, convencido de que otros seres como yo están buscando, en ese mismo instante, a través de los rayos de luna, compartir sueños y alegrías, proyectos y emociones.

Me gusta tomar baños de luna llena porque la noche deja de estar sola.

Conozco a Gisela y Nacho desde hace años, desde que están juntos. Antes no sé muy bien qué fue de ellos. Para mí siempre estuvieron unidos. Disfruto de su compañía y cercanía. Nos reunimos para compartir sueños, para hacer fiesta con la emoción de la música y sus palabras. Por eso creo haber captado la intención de esta tonada de luna llena que ahora nos regalan a todos en forma de disco. Y a vosotros os lo quiero transmitir.

Después de haber creado un proyecto de vida compartido,  han descubierto que uno y otro también pueden ser su espejo complementario, para componer música, para construir palabras poéticas a ritmo con las armonías, para configurar un universo que nos incluya a todos, próximos y lejanos, familia de sangre y familia de ensueños, pampa argentina y brisa mediterránea.

El álbum que tenéis en vuestras manos os invita a realizar un viaje por sus biografías, y las de sus amigos con los que comparten melodías y experiencias. Creo que fue la música brasileña el espacio sonoro donde se descubrieron el uno al otro. Y a ella han vuelto, a veces con aires de bolero, otras con angustias y espantos, a menudo con lágrimas secas y lloros de agua, en ocasiones con sonrisas de hielo y dudas de hasta dónde llegará el amor.  

El retorno a Brasil ha sido un amoroso pretexto para ahondar en sus almas y poner música a unos mundos que siguen escondidos y protegidos. La luna me está mirando, yo no sé lo que me ve, yo tengo la ropa limpia, ayer tarde la lavé. Desnudos y limpios asistimos al espectáculo de lo más hondo. Cuando una hija os anuncia que os va a dejar. Ve recoge tu destino, aquí me quedo a esperar, seré paciente y consciente, cuando te quieras marchar…Y el tiempo en el rostro hará serpentinas con el viento, luceritos de cristal. Aunque sean pequeños, me bastan para iluminar los senderos de agua que me conducen por los claros de luna. También cuentas con la estrella de tu padre, más fugaz de lo que hubieras deseado. Este sí que se fue para no volver. Se fue dos veces: emigró de su país y salió del globo tierra. Cae la luz y aparece en el cielo la luz del sur… donde yo estoy volvería a elegirte mi norte, bailando contigo.

El camino de la búsqueda sigue, bien iluminado por los luceritos, guiado por la estrella del Sur. La vida que no viví, ahora que estás aquí, la voy a conjugar. Otra manera de seguir por la vereda. El libro, el viaje y el amigo que te espera… el simple aroma de la tierra me va llevando a ese lugar. El encuentro con el otro, con el peregrino cómplice en el camino de dudas. ¿Sabías que te busco en sus ojos, y te veo mirarme recorriendo mi piel?... La vida a tu lado como un largo viaje… Por ti comenzaría otra vez… sencillamente por oírte hablar del mar. La luna plena crea tantas dudas como certezas, pero sólo cabe seguir. La respuesta se encuentra en la brisa del mar, en el permanente retorno de las olas, que siempre vuelven para deshacerse con espumas en la orilla de la playa. Ya no duermo con las dudas, voy caminando al compás, no reescribo el argumento me dejo llevar…Deja que mi alma hoy te lleve a la distancia del ayer… Todavía es tu sombra vacía quien me abraza al dormir…acepta el amor.

Y así podemos llenar la noche de las mil sugerencias que transmite el nuevo disco de Gisela y Nacho. Diecisiete composiciones y un solo relato, con la participación de unos invitados muy especiales a esta explosión de creatividad musical.

Inmerso en estas sinuosas sugerencias me preparo a tomar mi futuro baño de luna llena. Una luna que ilumina más que el sol. Hasta las sombras puede convertir en certezas. Después de escuchar el disco, ya sé que los baños de luna plena me pondrán en contacto con otros corazones, vivos y ausentes, que han sentido lo mismo que yo. Con seres queridos que se despiden antes de tiempo y que, por fortuna, no se van. Con amores que cuando te besan te dicen hasta nunca. Con despedidas que se transforman en reencuentros. Con desamores, porque no hemos aprendido a amar y ser amados.


Claros de luna oscura. Claros de luna plena.