sábado, 16 de enero de 2016

LA BURBUJA INMOBILIARIA TAMBIÉN PINCHA EN MIJARES

Hace unos años publiqué en este blog un entrañable viaje por la extensa masía de Mijares, situada en el interior de la provincia de Valencia, para evocar las andanzas y aventuras vitivinícolas que mis antepasados, bisabuelos, abuelos y padres, habían vivido idílicamente en este espacio comarcal situado entre los municipios de Yátova y Buñol. Las numerosas visitas que ha tenido el artículo me hace sospechar que mi texto ha sido promocionado por parte de la inmobiliaria propietaria actualmente de esta finca rural de 353 hectáreas para convencer a posibles inversores y compradores de adosados de la belleza natural que esta finca ha conseguido mantener casi virgen, desde que se constituyera patrimonialmente en 1874 gracias a la iniciativa de los hermanos Millás.
El pinchazo de la burbuja inmobiliaria en España también ha llegado al valle del río Mijares, y por fortuna los rincones paisajísticos de mi memoria familiar continuan exactamente iguales que hace décadas, porque según las informaciones publicadas en prensa, los promotores de este asalto inmobiliario no presentaron el aval de 34 millones de euros a la Generalitat valenciana, institución que previamente había pactado con la SL Mijares Resort el desarrollo de una ATE (Actuación Territorial Estratégica). 
La bondad de esta operación comercial ofrecida a sus futuros usuarios como proyecto de desarrollo sostenible, motor de empleo y palanca de mejora del medio natural, al parecer se ha esfumado, no se si definitivamente, con la misma rapidez que los grandes proyectos del PP en Valencia (circuito urbano de Fórmula 1, visita del Papa, encuentro deportivo Valencia Summit etcétera) han pasado a mejor vida haciendo una larga parada en los tribunales para dirimir cuanto se robó y quienes fueron los ladrones. El cambio de signo político de las instituciones valencianas, al entrar una nueva mayoría progresista liderada por PSOE, Compromís y Podemos, hace pensar que por la ventanilla administrativa no van a tramitarse iniciativas de parecido perfil, que bajo la apariencia de desarrollo sostenible buscan transformar zonas verdes poco habitadas en espacios de especulación inmobiliaria y turismo selectivo.





Lo que inicialmente fue un PAI (Programa de actuación integrada) aprobado por el ayuntamiento de Yátova avalado por Mijares Resort SL, luego se transformó en el macroproyecto del que al aparecer ahora se ha desistido por falta de compradores, inversores y garantías de que se iba a llevar a cabo con el margen lucrativo que acompaña habitualmente a estas operaciones inmobiliarias. España cuenta con numerosos ejemplos de operaciones "resort", procedentes de unos años de gran especulación, promovidos en medio de la naturaleza, que ahora integran un parque inmobiliario de viviendas vacías y un triste escenario de desarrollos sostenibles inviables porque eran equivocados.
Da escalofrío recordar las cifras que vendieron los políticos valencianos, liderados por el expresidente de la Generalitat, el conservador Alberto Fabra, para convencer sobre la idoneidad de urbanizar el valle del río Mijares: inversión directa de 34 millones de euros, inversión indirecta de 70 millones, creación de entre 265 y 350 puestos de trabajo, actuaciones en 4 millones de metros cuadrados de monte y bosque, construcción de un campo de golf, de un hotel con balneario, de 571 adosados, de una hípica, de un centro de enoturismo... Toda una orquesta de elementos depredadores dispuestos a transformar unos recursos naturales en parque de atracciones donde hacer crecer los beneficios de una especulación insostenible. Si los hermanos Millás, Manuel y Vicente, levantaran la cabeza intentarían rápidamente regresar a su tumba ante tal espectáculo.
En el año 2007 un portal digital del mercado inmobiliario ofrecía en venta esta masía de Mijares por un precio de 2 millones 200 mil euros (más de 365 millones de pesetas). La descripción de la explotación agraria mantenía practicamente inalterables los datos y cifras publicados por el diario Las Provincias en 1883, con motivo de presentarse los vinos y licores de los Hermanos Millás en una exposición agrícola. Se vendía en 2007 una superficie total de 353 hectáreas (3.530.000 m2), distribuidos en 292 hectáreas de pino carrasco para madera (cada nueve años se hace un corte de árboles, en el último cayeron 10.581 pinos); 16 hectáreas estan ocupadas por 1.400 olivos, algunos con 17 años de antigüedad, con una producción anual estimada en 10.000 kg; 14 hectáreas estan dedicadas a viñedos, 1.440 cepas de variedades bobal para vino rosado y malseguera para vino tinto, con una antigüedad similar a la de los olivos y capacidad anual de 50.000 kg. La distribución se completaba con 12 hectáreas de huerta dedicada al cultivo de rosales y 18 hectáreas sin uso definido. Las hectáreas dedicadas a almendros, cereales y otros frutales recogidas por la información periodística de finales del XIX ahora habían desaparecido.
La referencia informativa del portal digital, escrita hace nueve años, daba otros detalles para justificar el alto precio de la venta, que, por cierto se indicaba "estamos dispuestos a rebajar algo". Esos complementos que incrementaban el valor inmobiliario eran la vivienda principal de tres plantas, a razón de 490 m2 por planta, con ocho habitaciones, un despacho, un gran salón, cocina grande, tres baños y amplios espacios diáfanos para múltiples usos. También se citaba el pozo de agua potable que tiene la masía con un caudal de 58 litros por segundo, una presa propia, la disponibilidad de un tramo del río Mijares para tomar el baño entre rocas, y la posibilidad de regular un coto privado de caza. Alrededor de la vivienda principal hay otra ocupada por los caseros, un edificio dedicado a guardar los apeos de labranza y tres viviendas dispuestas para alquilar. 
La finca disponía y dispone, según el portal inmobiliario, de una ermita reconocida como lugar de culto por el arzobispado. Precisamente esta capilla fue el escenario de una anécdota que relaciona Mijares con el fraudulento imperio económico de Ruiz Mateos. Durante 2004 esta explotación agraria estuvo unos meses en manos de los fundadores de Rumasa, que realizaron una visita acompañados por el patriarca Don José María. Este quedó encantado y pensó que era la Virgen María quien le había conducido a este rincón perdido del interior de Valencia, para encontrarse con un mapa de España en el que figuraban todas las advocaciones mariológicas que son objeto de culto en ciudades y pueblos del país. El mapa se encontraba enrollado y abandonado en la sacristía. Ruiz Mateos no pudo hacer sonar en su visita la campana de la capilla, pues anteriormente se colgó en la entrada de la masía para convocar a la comida a los jóvenes de la saga Millás que estaban jugando por los montes y el río.

Desde 1980 la finca de Mijares estuvo gestionada por un empresario vinculado con el grupo Finisterre de seguros, y aunque residía en Madrid procuraba pasar largas temporadas en su propiedad rural. Intentó mejorarla segregando más de 20 parcelas próximas al entorno del edificio central de la masía para construir casas de segunda residencia y destinar el beneficio económico de la venta a mejorar y relanzar la explotación agrícola. A su época corresponde la colocación de un curioso arco en la zona de baño del río con el lema de "Estamos en Masía Mijares. Feliz día", hecho que indica que intentó captar la atención de visitantes y nuevos residentes para paliar el aislamiento en el que vivían los ocupantes de la masía.
Durante la dictadura franquista Mijares atravesó un período gris y oscuro. Al morir mi abuelo Manuel Millás Sagreras en diciembre de 1941, sus hermanos y su viuda Salvadora decidieron venderla al conde Cevedos, que había mostrado interés por explotar la propiedad como coto de caza. No eran tiempos cómodos para aristócratas que buscaban refugiarse en escondidos parajes, los mismos donde maquis y perseguidos por la dictadura intentaban pasar desapercibidos y sobrevivían asaltando los corrales y las despensas de masías y fincas poco habitadas. El aislamiento y la inseguridad acentuaron el abandono de Mijares, que estuvo básicamente vigilado por el administrador del propietario, ya que vivía en la cercana población de Requena. Gracias a su permanente dedicación la finca no sufrió mayor deterioro, aunque en esas décadas nunca recuperó la actividad agrícola que había caracterizado sus orígenes.
Pues bien, he escrito este texto no sólo para contar la historia completa de una masia valenciana, sino también para animar a los actuales propietarios a que promuevan un buen hotel rural, un centro de enoturismo relacionado con la actividad comarcal, un espacio de rutas de senderismo y observación de la naturaleza, y que se olviden  de construir 571 adosados en medio de un desierto rural, porque esta actuación carece de sentido económico en un paraje que no demanda abrir un golf o una hípica para atender a un tipo de visitante que no existe ni existirá en esta zona. Y a los lectores de mi artículo escrito hace unos años les saludo de nuevo si es que han tenido el interés de leer la segunda parte del mismo, que hoy publico, donde he hablado de una operación inmobiliaria que pinchó como tantas otras iniciativas que intentaron ponerse en marcha en parajes rurales de España. 









sábado, 18 de julio de 2015

PARA NO OLVIDAR A INMACULADA TOMÁS

                                                                                      
Hace unas semanas nos dijo adiós, plenamente consciente de que su vida acababa. Y no somos capaces de reconocer que así ha sido. Todavía escuchamos su voz, observamos sus gestos, escuchamos sus sabias palabras, todavía reímos con sus ocurrencias. La muerte es inexplicable. No desde un punto de vista biológico. Simplemente donde había vida entra el frío, y el calor del cuerpo va perdiendo intensidad paulatinamente, hasta que el corazón se para, la respiración desaparece y el espíritu huye de una masa corpórea fría, que no puede moverse. La muerte es inexplicable porque la vida de los muertos, aunque no lo deseemos, sigue habitando entre nosotros.
 Es imposible que en unas horas, dos días, tres meses, la vida que hemos compartido con Inmaculada desaparezca para siempre. Nuestros sentimientos, nuestra memoria, los individuales y los colectivos, nadie puede arrebatárnoslos. Por eso en nuestra sociedad ante la muerte injustificada realizamos el esfuerzo de crear signos, símbolos, homenajes que mantengan presente durante largos años la trayectoria de la persona a la que nos vemos forzados a despedir. Con Inmaculada no debemos perder la oportunidad de ejercer esta liturgia social de dar existencia cotidiana a los muertos.
Porque méritos no le faltan. Por su gestión pública cultural pasa el haber regulado el patrimonio musical valenciano con el apoyo de una ley pionera, el haber creado los mecanismos de gestión administrativa para que esta tradición cultural se adaptara a los nuevos tiempos y entrara en igualdad de condiciones a compartir un lugar destacado en bibliotecas, hemerotecas, centros de difusión y docencia, espacios de producción y exhibición. Desde que los valencianos hemos recuperado el autogobierno nadie ha trabajado tanto a favor de los creadores e intérpretes de la música valenciana como Inmaculada Tomás, la primera y única directora del Institut Valencià de la Música (IVM). Por ello habría sido lógica su presencia al frente del Palau de les Arts desde que empezó a fraguarse el proyecto.

El saqueo político de los últimos tiempos ha convertido las siglas del IVM en un sueño que no existió, dejándolo sin presupuesto y limitando su proyección pública. Y no fue así. Porque el IVM, como otros tantos instrumentos de gestión cultural nacidos gracias al Estatut, estaba hecho a la medida de una política cultural de largo alcance, la que siempre practicó nuestra querida amiga.
Inmaculada entendió como pocos gestores que el trabajo público se hace cerca de la gente, a pie de calle, con los profesionales, dejando los intereses particulares lejos del despacho donde trabajas. Siempre tuvo la maleta hecha para desplazarse a compartir y disfrutar personalmente un estreno, una presentación, una rueda de prensa, una negociación de producción artística dentro o fuera de España. Su hoja de ruta viajera tuvo como destino los principales festivales de España y otros países europeos, las primeras instituciones musicales y culturales del país, y así temporada tras temporada, infatigable, con la sana ambición de que su presencia nunca se echara en falta.  Por esta razón cuando necesitaba gestionar sus escasos recursos presupuestarios para dar cuerpo a un proyecto encontraba financiación y viabilidad hasta debajo de las piedras. Se había ganado a pulso el crédito que le otorgaba cualquier promotor de cultura.
Las entidades ciudadanas que alimentan el mundo musical valenciano tienen que poner en sus agendas la convocatoria de alguna acción, de algún homenaje, que ponga en valor el legado cultural que dejó la gestión pública de Inmaculada Tomás. Los espacios de exhibición que ella animó con sus programaciones deben mantener vivo el eco de sus palabras, siempre inteligentes, dispuestas a dar impulso y forma a iniciativas culturales.  
La dinámica política de los últimos años le había convertido en una superviviente frente a los gestores de la improvisación, frente a la ignorancia política de los que pretendían borrar las huellas de una cultura que incomoda. Resultaba una funcionaria extraña, metida en un cuerpo administrativo  que buscaba su extinción. Pero siempre resistía, sobrevivía, al grito de “Tomás, la que más”. Lo que no supo vencer es la enfermedad que desde hacía tiempo le venía enseñando sus dientes mortales. Ante esa situación ha sido la única ocasión en la que ha tenido que decir unas palabras desconocidas para ella: “no puedo más”, y aceptar comprar el billete de un destino no deseado.
 Durante buena parte de su vida cuidó de los suyos, para los que seguía y sigue siendo una xiqueta de 65 años. Tenía todavía proyectos por delante. Arriesgada en lo público, conservadora en lo más íntimo de su corazón y sus costumbres. Vecina del barrio de Velluters, allí fue a la escuela, creció, vivió, incluso ahora allí tuvo la oportunidad de trabajar. Su espacio doméstico, privado, siempre fue el mismo. El que, por fortuna, ahora, probablemente, sigue ocupando.
La foto que incluyo en este artículo la disparó David Poliakoff en la SGAE en Valencia cuando el destino y la enfermedad todavía le tenían reservado un año más de vida. 

domingo, 31 de mayo de 2015

TORNAR A DESCOBRIR EL MEDITERRANI

Els Mediterranis, la diversitat d’una tradició comú. Este es el títol de la taula redona que ha obert enguany la segona edició del festival de cultura i gastronomia Espai Mediterrani a València. Tinc interès de deixar escrites açí, en este blog, algunes idees destacades que vaig expressar en la presentació del col.loqui, abans de que Rosana Pastor, Emili Piera, Paco Alonso i Xavier Molla expressaren les seues opinions.
El títol no es casual, perque sempre  la síntesi sorgeix del diàleg que es pot establir entre arguments contraris. En certa manera hi ha tantes interpretacions del Mediterrani com cultures, pobles, imperis, religions, èpoques històriques, han poblat, construit i també cremat, en periodes cíclics, aquest melic del món.

Hi ha qui diu: "El Mediterrani eres tu". I probablement té raó. En el sentit de que cada persona tè el seu mediterrani en el cap, com a representaciò cultural i existencial de l'espai on habita. Doncs tal vegada és així. També Manuel Vicent diu que el Mediterrani es un espai mental, no un espai físic. En qualsevol cas, eixa diversitat  no impedeix que enfront de cultures d'altres parts del món les gents del Mediterrani puguem definir-nos de forma diferent a la identitat de eixos pobles.

No podem ignorar que en alguns aspectes culturals, Orient (en especial Xina i Japó) es va anticipar a la Grècia clàssica i a l'imperi romà. Peró la historia de la filosofia occidental, la nostra manera d'organitzar el pensament, va naixer en Heràclito i Parmènides, en Platón i Aristòteles. La vida pública, la democràcia, naixqueren en l'àgora. I el teatre també va estar a l'origen de l'àgora. Les línies fonamentals de l'arquitectura van començar en els monuments grecs, en els traçats essencials del recte i el corb que té el Partenon. 

Aquesta singularitat mediterrània procedeix de les afinitats que mantenim amb el medi natural i els productes que genera. Que se'ns identifique amb el vi, l'oli d'oliva, els cítrics no es casualitat. Constitueix una marca cultural col.lectiva que no podem negar. En la gastronomía, la elaboració de la pasta, la paella, la mistela... amplien aquesta identitat. La natura, les característiques del medi natural ens a permés definir el Mediterrani front a cultures com la indiana, la africana o la xinesa, de la mateixa manera que la cultura que hem construït i imaginat  entre tots al llarg de més de 2.000 anys forma part d'una identitat mediterranea. 

La nostra historia es resultat de nombroses contradiccions. Es un relat de amor i de guerra, de encontres i de intolerancies, de mestissatge i de imperialisme . Unes vegades ha sigut el Nord del Mediterrani el que ha intentat dominar per la força el Sud. Altres  ha sigut el Sud enfortit que ha conquistat al Nord, quan estava afeblit.

En l'actualitat, per eixemple, hem traçat una frontera entre l'europeu del nord i el món àrab meridional. Ara més que fa dècades, el sud (per contaminació del yihadisme, un islamisme radical, terrorista i fanàtic) representa una amenaça per a paisos del nord. La frontera s'ha fet més visible que mai. El Mediterrani té obert un polvorí per l'estat bel·licista d'Israel, per la negació a donar existència a l'estat de Palestina, i a més a mes ha generat una altra amenaça: la pressió del yihadisme des de Síria.
Aquesta frontera está aguditzant la presència de la mort i de la desgràcia a causa de la pressió migratòria cap al nord de millers de gents que fugen de misèries, guerres i violències. En el nostre debat d'apertura del festival parlarem del concret i l'abstracte, de la realitat d'avui i la història dels nostres arrels, parlarem de alló que mengem i vivim per arrivar a descriure el que imaginem i somiem. Molts continguts diferents entren en les maneres de definir el Mediterrani. 

I aprofitarem per reconèixer com germans als immigrants que moren quan s'enfonsa una patera, i als que arriben esgotats i trepitgen terra ferma sense saber com serà el seu futur. També estimarem la cultura àrab com un dels pilars que defineixen la nostra manera de ser col.lectiva.

Cal dir que no és la crisi econòmica l'únic factor que ha enterrat l'acostament nord sud que varem vivir junts en el Mediterrani en els anys 80. Més bé ha sigut uns quants anys de governs conservadors i l'amenaça real del yihadisme el que ens ha portat a posar de nou una frontera amb muralles de ferro on abans hi havia una trobada de tolerància i acceptacions culturals en la diversitat. Ara l'altre diferent s'ha convertit en el nostre enemic. En época de conservadurisme, ja se sap, cal tancar fronteres i construir enemics exteriors per no criticar les condicions internes.

Pero sembla que les coses poden canviar i el futur es nostre. El retrobament amb els nostres arrels mediterranis esta marcat en eixe futur polític d'esperança, un nou temps definit no per la por i la rivalitat sino mes bé per l’alegria de l’encontre, la tolerancia i la integració, com visquérem temps abans quan València era capital de la cultura mediterránea en el ámbit del cine, de la literatura, de la música. 



jueves, 5 de marzo de 2015

BANYERES DE MARIOLA:MEMORIA DE LAS PIEDRAS Y EL AGUA

Pocos pueblos alicantinos, como Banyeres, representan y mantienen viva de manera tan acertada la memoria de creación de un núcleo urbano en un lugar estratégico militar, que gracias a la presencia de abundante agua impulsó también un desarrollo industrial y un crecimiento económico. El paso del tiempo, aunque ha impuesto su inevitable decadencia, mantiene vivas en la realidad patrimonial y cultural de la actual población las huellas de esa historia notable. 
Esta villa, de unos 7.000 habitantes, representó un bastión geográfico de primer orden para controlar las fronteras entre Al-Andalus y la España cristiana, y luego para pactar las zonas de influencia de Castilla y la corona de Aragón. Una vez que finalizaron aquellos largos episodios de vida militar, la llegada de la abundante agua de la Sierra Mariola por el cauce del Vinalopó y otros ríos, hizo que el éxito industrializador de la vecina ciudad de Alcoi se contagiara a Banyeres y que esta ciudad asegurara su actividad al especializarse en la elaboración del papel de fumar y otras aplicaciones.
Al llegar el viajero a la población, su mirada siempre se mueve en búsqueda de una gran fortaleza, alta e inexpugnable, levantada de acuerdo al modelo almohade entre los siglos XII y XIII. No hay que hacer muchos esfuerzos para encontrarla porque todos los caminos de acceso a Banyeres practicamente conducen al castillo. Situado en una cota de 830 metros de altitud, sobre un pronunciado cerro, desde las calles del centro histórico su perfil aparece en cualquier esquina recortado tras el perfil de la torre de la iglesia.
Dentro de sus muros se encuentra el museo de la fiesta de los Moros y Cristianos. En estos espacios de frontera no fue necesaria excesiva imaginación para crear sus tradiciones y costumbres, porque la vida misma iba marcando lo que en tiempo de paz iban a ser sus celebraciones, sus músicas, sus santos y sus tradiciones orales.  Resultaba fácil transformar la batalla cruenta de cada día en un motivo para la fiesta, pues así, siempre podían ganar los mismos: los cristianos. Los trajes, los rituales del programa festivo, las embajadas, son ahora una representación incruenta de aquellas hazañas que estas tierras vivieron durante  décadas  para limitar la expansión del mundo árabe. También los muros del templo medieval se han transformado, y en la actualidad albergan las butacas del teatro de Banyeres a los pies del castillo.
El río Vinalopó a su paso por la población sigue conservando los importantes molinos en los que vivió su época de esplendor la industria papelera. Pero si este recorrido a pie entre los edificios de arqueología industrial y la vegetación ribereña tiene unos atractivos indudables, no menos interés ofrece la visita al Museu Valencià del Paper ubicado en la Villa Rosario, un edificio de 1903, vivienda de uno de los patricios que mantuvieron viva con criterios competitivos la actividad industrial de la zona.
En el museo te explican cómo se fabrica el papel a partir de tejidos. Con la ayuda de unas pequeñas maquetas te ayudan a reconstruir los espacios de la vieja industria de papel. Incluso el conservador del centro te puede enseñar con sus propias manos la calidad de los papeles que elaboraban los árabes, en los que las trazas del tejido  dejaban su impronta todavía. Los mostradores de las marcas de papel de fumar conservan las esencias del tabaco liado y la zona dedicada a los trajes de papel evoca los bailes populares en los que a falta de telas buenos son los papeles de mil colores.
En la Venta del Borrego, situada en la carretera de Bocairent a Villena, el estómago queda satisfecho con las especialidades gastronómicas de la comarca. Si es invierno la olla de penques (alubias, pencas, morcillas de carne) o el putxero con todo tipo de carnes se imponen en el menú para seguir con ánimo la ruta viajera. Si es verano, las coques fregides con longaniza y panceta y el espencat de pimientos, berenjena y bacalao sacian las ganas de comer, al igual que los gaspatxos de conejo y perdiz permiten recuperar pronto las ganas de continuar la ruta.  








  


miércoles, 1 de mayo de 2013

VIRGEN, EXTRA Y OLIVA

            La cata de aceites de la Subbética Cordobesa permitió que varios periodistas valencianos pudiéramos alejar de nuestros pensamientos, hace unos días, un larga lista de tópicos y opiniones infundadas sobre la calidad del aceite, aprendiendo a valorar lo que es bueno y a diferenciarlo de lo que es malo o regular. Otra cosa diferente es que, pese a todo, el sabor del mejor aceite no guste, pero eso ya es un argumento subjetivo que no sirve para calificar socialmente los productos gastronómicos básicos de nuestra cultura, como es el caso del aceite en España.
 Mientras para nosotros constituye un elemento de uso cotidiano y diario, sorprende todavía que fuera de España, fuera de las zonas de influencia mediterránea, el aceite virgen extra se considere un producto casi exclusivo, que se degusta con el placer de las cosas escasas. En ese sentido no puedo olvidar una escena que presencié hace unos años en Alicante teniendo como protagonista a la célebre Yoko Ono. Era su primera comida en tierras valencianas. Antes de elegir el menú pidió aceite virgen extra para vaciarlo en un pequeño plato y mojar pan. Tuvo urgencia por satisfacer ese pequeño deseo, que reflejaba una admiración por algo que en nuestras latitudes podemos comprar a diario. Su estancia generó después algunas dificultades que le incomodaron. La solución para recuperar la sonrisa de Yoko Ono fue regalarle una generosa botella de aceite virgen extra embotellado en Jaén.
            Pues bien, a la cata de aceites se recomienda asistir sin comer hace una hora, ni fumar en los últimos 30 minutos. También se recomienda no llevar perfumes penetrantes. Sobre la mesa nos colocaron tres vasos, uno de ellos azul, que es el más habitual, para ocultar el color, porque a diferencia del vino el cromatismo del aceite no guarda ninguna relación con su calidad. En un plato unos trozos de manzana para limpiar el paladar entre cata y cata, así como agua mineral.
            La Subbética Cordobesa es donde se localiza la denominación de origen Priego de Córdoba, población que comparte con Almedinilla, Carcabuey y Fuente Tójar la gestión de 30.000 hectáreas de olivo que suministran a históricas almazaras toneladas de aceituna picuda y hojiblanca capaces de dotar a sus aceites de un sabor especial y fuerte. Esta comarca  ha colocado sus productos oleícolas en el primer nivel de excelencia con más de 740 galardones. Alrededor de 2.000 familias participan en el conjunto de esta cadena productiva en unas tierras de difícil orografía, que impide usar maquinaria especializada para la recogida de la aceituna.
           La cata nos permitió conocer tres calidades diferentes. Después de girar con las manos el vaso para traspasar al aceite nuestra temperatura corporal, en el olfato el primero invitaba a rechazarlo y en el paladar quedaba excesivamente dulzón. Resultó ser aceite lampante. Es una variedad que nunca se envasa, pero se puede vender después de reciclarlo y transformarlo en aceite refinado mediante procesos químicos. Procede de las aceitunas que maduran en el suelo.
          La segunda cata prácticamente no olía ni tenía casi sabor, todo lo contrario de la primera degustación. Esta falta de presencia olfativa y gustativa nos dejó a todos un poco desconcertados, y resultó ser, precisamente, la calidad que más a menudo consumimos, el llamado aceite de oliva,  calidad que se obtiene químicamente con la mezcla del refinado y del virgen, modelado después con los diferentes grados de acidez. Llama la atención que con las excelentes oportunidades que tenemos de consumir aceite de excelencia sin manipulación química, optemos por la calidad de menos sabor y menos presencia olfativa.
            La cata concluyó con la calidad estrella: aceite virgen extra Priego de Córdoba. Al depositarlo en el paladar las sensaciones de amargo primero y picante después se completaban armoniosamente con las iniciales calidades olfativas de frutas del campo y olor a hierba fresca. Esta calidad nunca se somete a modificaciones químicas. La diferencia entre virgen y virgen extra es producto de la casualidad: la primera presenta unos ligeros defectos.
            Nosotros hicimos la degustación en el salón de un hotel, rodeados de una exposición de productos de la tierra, su hornazo de San Marcos con huevo (una especie de mona de Pascua valenciana), sus tortas de aceite… pero también hay numerosas oportunidades de practicar oleoturismo en aquellas tierras del sur cordobés al visitar los olivares, observar la recolección, entrar en una almazara, asistir a una cata dirigida y comer, después, un buen desayuno o merienda molinera. Así, uno tras otro, en los diferentes destinos de la comarca. Más información está disponible en www.turismoyaceite.com

sábado, 20 de abril de 2013

MARIA CALLAS, TAN FIERA Y TAN FRÁGIL

Junto a las mismas salas neoclásicas del Convento del Carme por donde desfilaron hace unos meses más de 40.000 visitantes para contemplar el baul de los recuerdos de la diva Maria Callas, sus trajes más señalados, las réplicas de sus joyas inolvidables, su correspondencia y escritos personales, cuatro profesionales de diferentes procedencias, que amamos la cultura, nos reunimos en la sala capitular, convocados por Le Fabrique, para evocar una vez más la intensa  biografia de esta diva norteamericana de origen griego que revolucionó la lírica y la crónica sentimental del pasado siglo.
El acto cerraba el ciclo de actividades homenaje a la soprano promovido en el marco del programa Art In Group, una iniciativa internacional de encuentros e intercambios artísticos, que ha tenido en Valencia sus dos primeras ediciones, y en el nombre de Maria Callas una de sus bazas de programación más apasionante.
Los 53 años de su vida, en cierto modo fugaz y breve, han sido y siguen siendo objeto de numerosas biografías, películas, ensayos y reproducciones digitales, que siempre inciden en aspectos que pudieron quedar poco claros en anteriores versiones. De manera que su afán por ser la mejor y más excelsa sigue estando en boca de todos nosotros. Al mismo tiempo que descubrimos a la diva fiera y tirana, constatamos la existencia de una mujer frágil y desgraciada, que no tuvo la oportunidad de amar sin fisuras a la persona que la conquistó, y por eso murió sin ser correspondida.
Este fué el principal argumento de la intervención de Inmaculada Tomás, exdirectora del Institut Valencià de la Música, quien descubre en la Callas a una heroína de las novelas románticas del XIX. El problema surgió porque tuvo que vivir en el siglo XX, entre personajes de la alta vida social y económica para los que el amor y el matrimonio era un negocio y una inversión de futura riqueza. María murió en 1977 marcada por un profundo desamor, que la mantuvo herida de muerte los últimos años de su existencia. Este fué el origen de su decadencia lírica, después de los exitos y la admiración alcanzados durante la década de los años 50. El triunfo profesional, concluyó Tomás, no siempre da la felicidad personal.
Además consideró que el desgaste de su capacidad vocal, que a veces le impedía acabar los tres actos de una ópera, se gestó en el desajuste orgánico experimentado por su cuerpo al proceder a adelgazar sin el adecuado asesoramiento clínico entre 1952 y 1953 un total de 35 kilos, para acercarse al estilismo y a la figura de Audrey Hepburn. Ese drástico cambio de imagen fué para sentirse mas aceptada por su amante, el multimillonario Aristóteles Onassis. El público no la rechazaba por su gordura ni por sus tobillos hinchados, todo lo contrario, ya se había rendido sin reproches ante su arte sublime y su voz divina.
En el magnetismo de su imagen pública intervenía también el adecuado uso que supo hacer de las joyas más cotizadas de la época. El artista joyero Vicente Gracia nos contó cómo pudo ver con sus propios ojos todas las joyas que fueron subastadas tras su muerte en la galeria Sotheby's y recordó que si más de 600 veces subió Maria a un escenario, siempre, al menos en la etapa que le acompañó su marido y representante Battista Meneghini, conocido en la intimidad como Titta, un estreno era acompañado por la compra de un diamante, un rubí o una esmeralda. Callas corresponde a una generación de divas fabricadas por el cine, la lírica y el mundo de la política a mediados del siglo XX, en el que la moda y las joyas exclusivas, con el soporte visual de la prensa del corazón, constituyen los elementos imprescindibles para crear los mitos y las divas de la sociedad moderna.
Cerramos el coloquio con imágenes de la película Callas Forever,  la última que realizó Franco Zefirelli a sus 77 años, dedicada a contar los últimos años de la vida de la soprano en París. El realizador fué uno de los amigos de la cantante que marcó sus pasos escénicos en intervenciones tan aplaudidas como la Tosca, que cantó en el Covent Garden en 1963, y la Norma de la Opera de Paris de 1964. El periodista Rafael Marí desarrolló la vertiente cinematográfica de la biografía subrayando la gran colaboración que le ofreció el cineasta Luchino Visconti, quien pensó con ella para protagonizar Senso, y la complicidad personal que desarrolló junto a Passolini en viajes por Africa y Turquia para localizar los exteriores de su producción Medea, el único film en el que actuó Callas como interprete principal. La película estrenada en 1968 constituyó un fracaso comercial, pero ha quedado viva en la historia cultural europea por ser un icono visual del cine mediterráneo inspirado en las tragedias de la Grecia clásica. Passolini supo ampliar el espacio iniciado por Michael Cacoyannis y la actriz griega Irene Papas en ese campo temático, con tanta fortuna que le permitió al realizador heleno conseguir su reconocimiento mundial en los Oscar. 

Los últimos años Callas buscó otros caminos para seguir en la actividad artística, pues sus condiciones excelentes para interpretar lírica habian desaparecido. No sólo tentó el mundo del cine, sino también quiso dedicarse a la dirección escénica de óperas, actividad que no llegó a iniciar, y ofreció un curso de lecciones magistrales en la Juilliard School de Nueva York (1971-1972) con buen resultado. Esta experiencia docente alimenta el texto teatral escrito por Terence Mc Nally, Master Class, en el que la decadencia profesional de la diva no oculta el deseo de la persona por transmitir a las generaciones jóvenes una manera leal de entender la ópera y la representación del arte ante el público. En España pusieron en pie la obra Nuria Espert, bajo la dirección de Mario Gas, en 1998, y en Buenos Aires representa uno de los papeles fundamentales en la carrera de su primera dama de la escena Norma Aleandro.
Mi opinión personal sobre la diva Callas corresponde al doble juego al que nos tienen sometidos muchos famosos de la escena o la pantalla: tras su imagen fiera y desafiante, tras la ambición de conseguir un arte excelso, ocultan una enorme timidez, una falta de seguridad en si mismos, compensada con el favor y el aplauso del público. Maria padeció la presión de una madre que siempre la rechazó y le obligó a ser la mejor si quería conseguir un poco de su favor materno. Maria intentó complacer a su madre sin conseguirlo, intentó complacer a su amante, que no le dejó ser su esposa... y acabó perdiendose a sí misma. 

domingo, 17 de marzo de 2013

PORTACELI, FUGAZ REFUGIO DE MANUEL AZAÑA

             Leo la biografía de Manuel Azaña, último presidente de la II República española, escrita por mi buen amigo, el periodista Miguel Ángel Villena, Ciudadano Azaña. Biografía del símbolo de la II República (editado por Península en 2010). Entre las páginas dedicadas a la destrucción de la España constitucional a manos de los militares golpistas encabezados por Franco surge el nombre de un oasis llamado Portaceli, puerta del cielo, que en este caso más bien podría llamarse puerta de Francia, porque después de Valencia el siguiente destino del gobierno republicano y su presidente fue el sur de Francia, donde murió. Este nombre pertenece a un paraíso de meditación encerrado en un valle de la Sierra Calderona desde donde se divisa el horizonte del Mediterráneo.
            Una vez instalado en Valencia montó su despacho oficial en el edificio de la Capitanía Militar. Pero Azaña dispuso también, en un escenario muy diferente, de una residencia privada en la Pobleta, elegante y amplio chalet de montaña rodeado de pinos y senderos que conducen a las cotas más altas de la sierra, protegido en su entrada por el espléndido monasterio de Portaceli. “Silencio absoluto, sol mediterráneo, olor a flores”, escribió el ciudadano Azaña en sus memorias. Todo un contraste a los aires de incivilidad, violencia, guerra, hambre, represión, que invadían todos los rincones de España.
            Aprovecho un soleado día de invierno para recorrer este paraje y poner una imagen real a las palabras del político republicano. Ya lo hice en años de juventud acompañado por amigos vinculados con los propietarios actuales de la Pobleta. Pero los recuerdos se han borrado, y aunque la morfología del lugar sigue siendo la misma, el espacio se ha transformado en una finca privada de acceso imprevisible. Una valla abierta a los bomberos de incendios forestales, pero cerrada al visitante por un cartel de “prohibido el paso”, me deja inmóvil ante la casa de los guardas que debían supervisar el control de acceso. Al fondo del camino otra casa rural con un alto depósito de agua construido para abastecer las viviendas, marca la ruta de llegada a la gran mansión, que oculta entre pinos, recibe todo el sol de mediodía. A sus espaldas los altos riscos de la Calderona la defienden de los fríos del norte.
            Este es un pequeño espacio casi cerrado, que se abre después de otro aislado valle, el del monasterio. Así que la protección natural es doble. Imposible de localizar por tierra, mar o aire donde se ocultaba el presidente Azaña. Su salud era frágil, su depresión galopante, la falta del apoyo aliado acentuaba la debilidad del gobierno. Pero vivir la tragedia del país, aislado en esta sierra, permitía alargar un poco más la esperanza, los deseos de que la pérdida no fuera irreversible. Cuadernos de La  Pobleta  es el nombre de los diarios que recogen el testimonio de los horrores narrados por políticos e intelectuales que le visitaban. Se le reprochó permanecer tan lejos de los frentes, retirado, casi escondido, pero, en cierto modo, el gobierno garantizaba de esta manera la protección de quien representaba la II República.
            También este escenario natural ha permitido escribir páginas no tan dramáticas. Los novelistas valencianos del Romanticismo crearon historias de secuestros y visitas inesperadas al interior del convento, personalizadas en damas fantasmagóricas y duendes itinerantes, que a través del acueducto de la cartuja franqueaban la frontera entre el mundo real y el retiro cisterciense. Gracias a esta obra de ingeniería, que hoy sigue luciendo solidez, la fresca agua de los manantiales de la Calderona ha saciado la sed de los moradores de esta cartuja creada por el confesor de Jaime I, en 1272, regida por las estrictas normas de San Bruno. Los monjes cultivan naranjos, almendras y hortalizas. El acceso está prohibido a mujeres y es muy restringido para los hombres.
            La Diputación de Valencia salvó el conjunto arquitectónico de este cenobio al adquirirlo a sus últimos propietarios y protegerlo de la ruina. Por efectos de la desamortización en el primer tercio del XIX dejó de ser recinto religioso. La Diputación lo restauró por completo en los años 40 para entregarlo de nuevo a los monjes del Cister. Su pinacoteca conserva cuadros de Ribalta y Alonso Cano. En sus muros resuenan las palabras de su prior Bonifacio Ferrer, uno de los grandes traductores de la Biblia al valenciano.
            Los excursionistas, como yo, que nos acercamos a estos escondidos valles para buscar La Pobleta, las aguas de la Font del Marge o el pico de Rebalsadors, confirmamos el privilegio de determinados espacios naturales. Por su aislamiento, por la presencia lejana del mar, por su localización estratégica, están predestinados a ser un recinto de espiritualidad y aislamiento, incluso para los que intentaron huir de una guerra incivil.