¿Qué sucedería si el agua del deshielo de glaciares subiera el nivel de las aguas marítimas en nuestras ciudades costeras y estas alcanzaran las calles y plazas de nuestros centros históricos? ¿Qué paisajes descubriríamos en nuestras ciudades si las dunas del desierto africano se desplazaran por los aires a una velocidad vertiginosa para cubrir algunos de los monumentos que representan nuestra memoria urbana mediterránea? Estas son las sorpresas visuales que produce, una vez más, la exposición que estos meses ofrece el valenciano Carlos Errando en la Sala Quatre Cantons de Vilafamés (Castellò), organizada por el Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni (MACVAC). El juego entre distopias y utopías, paisajes imaginados y postales rotas por el cambio climático, ocupa su creatividad plástica desde que en 2005 diera un giro de timón a su trayectoria profesional para entrar en una narrativa artística en la que cada vez que hace una exposición va más allá de su propuesta inicial.
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La composición más icónica que se presenta en Vilafamés corresponde a una fusión del mundo de la sal y la fascinación del turismo de sol y playa que ocupa desde hace años el litoral valenciano. Errando siempre trabaja con su amplio archivo fotográfico y extrae imágenes del mismo para diseñar digitalmente sus nuevos paisaje imaginarios. En este caso casi vamos de un extremo a otro de nuestro país para realizar la fusión digital del cuadro. Una inmensa montaña de sal procedente de la explotación de unas salinas de San Pedro del Pinatar, límite de Murcia con Alicante, surge en medio de una imagen casi circular de las arenas de la playa de Alcossebre (Castelló). Por momentos el visitante cree estar ante un glaciar amenazante, que el cambio climático está destruyendo.
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Los contrastes en el relato artístico siempre son un estímulo para incrementar el interés de quien goza con su recreación. Carlos Errando lo maneja con un gran instinto, evitando el tremendismo y la sensación que en otros creadores produce el deterioro ambiental que minuto a minuto genera en nuestro planeta el cambio climático. En cierto modo la visión del fotógrafo nos sitúa en un escenario de suaves distopías que a veces se fusionan con atractivas fantasías, pese a que todas ellas signifiquen una amenaza para el actual equilibrio espacial. Así es como Benidorm, el paraíso europeo de las vacaciones en el mar , va transformándose en un desierto inexplicable.
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Hasta llegar a Vilafamés, Carlos Errando ha realizado un largo viaje que inició en el Jardín Botánico de Valencia en 2007 recreando los iconos visuales de la capital del Turía. Años después aterrizó en las llanuras de Albacete y en la huertas y acequias de Murcia para ampliar la enumeración de territorios por los que desea circular su gran imaginación y su agudeza visual para reajustar los paisajes más conocidos que acompañan nuestras vidas. En el año 2013 en la exposición que ofreció en Rocafort -localidad del área metropolitana de Valencia en la que tiempo después ejerció de concejal de Cultura-, se tomó la libertad de ofrecernos una utopía personal: aunque hay quien se hunde en un vaso de agua, en el caso de Carlos el agua del vaso le sirve para flotar. Este arte fotográfico ofrece un gran flotador que nos anima a sobrevivir en el caos y destrucción contemporáneos.

Después de la pandemia, cuando todavía llevábamos la mascarilla en espacios públicos, los fotomontajes de Carlos Errando ocuparon las salas del MUVIM de Valencia, compartiendo espacio con las imágenes de Rafael de Luis, uno de los fotógrafos que le había acompañado en la aventura profesional de El Cameraman, en Valencia. En ese laboratorio fotográfico yo les conocí como reporteros que trabajaban con los jóvenes periodistas que en la transición democrática contamos la actualidad nacional desde Valencia. En el MUVIM Carlos ofreció las claves del futuro y Rafa recuperó las claves del pasado.
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La exposición de Vilafamés es una gran oportunidad para volver a disfrutar con los paisajes distópicos, utópicos en alguna propuestas, que la gran imaginación de Errando (persona que creció en una familia valenciana de grandes artistas de la pintura, diseño y moda: Mariscal y Tráfico de Modas) proyecta sobre el papel fotográfico para animarnos a salvar la belleza, la ironía y la fantasía, lecturas buscadas entre paisajes de destrucción y caos. Bellas metáforas de un futuro imperfecto.
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