"CARTAS MARCADAS", UNA NOVELA DE AMOR Y COMPROMISO

 

    En una de las numerosas presentaciones que la periodista Emilia Bolinches está realizando de su novela Cartas marcadas (Editorial Posidonia, grupo editorial Sargantana) un lector le preguntó:“¿Por qué has escrito una novela de autoficción y no una biografía o unas memorias para contar tu vida?”. La autora respondió sin dudar: “Porque así podía criticarme a mi misma”. 

Esta novela, una vez definido su propósito, sitúa a la autora Emilia como narradora, relatora, observadora de la intensa vida que tuvo Emi -un alter ego muy literario- en su juventud, durante los estudios universitarios, en las iniciales experiencias sentimentales y en los primeros años profesionales, etapas vitales todas ellas que se sucedieron a lo largo de los años 60 y 70 en España (tardofranquismo y transición). La novelista coloca en el diván de una relatora omnisciente (Emilia escribe en tercera persona) a la joven que conserva en sus profundos recuerdos para revisar su pasado y ajustar cuentas pendientes. Esa introspección justiciera, a la vez que psicoanalítica, se produce a las puertas de una experiencia radical: la vida de Emilia se pudo acabar hace poco por una pandemia y su memoria también se pudo extinguir ante una enfermedad cerebral inesperada. A estas circunstancias hay que agregar la muerte no prevista de su exesposo, personaje que representa en el libro un amor intangible y arriesgado.


    Nuestra escritora ha creado un largo relato de 600 y pico páginas para buscar una verdad, tal vez varias verdades, pues esta no suele ser única ni definitiva. ¿Por qué no ha elegido la ficción para llegar a las conclusiones que le ha generado la creación de Cartas marcadas? La respuesta es sencilla: Emilia no necesitaba inventar, no buscaba recrear lo que ya existía. El origen de su introspección era una infinidad de cartas -acompañadas de escritos, documentos, dibujos, fotografías- conservadas largo tiempo, de revisión aplazada cuando no tapadas por el polvo y las tinieblas personales, guardadas en una carpeta verde y otros archivos, hasta que ha llegado en la edad tardía el tiempo idóneo para ser interpretadas. Mientras tanto, las aristas de estos materiales, que en otra escitora pudieron haber alimentado una autobiografía, estuvieron pinchando su corazón y su memoria.

    Esta novela es el segundo libro que Bolinches publica, pulsión creativa que incluye también poemarios y numerosos escritos. En su anterior título dedicado a una destacada dirigente comunista y feminista valenciana (Pilar Soler, rebelde con causa, Publicacions de la Universitat de València, 2013) la protagonista justificaba a viva voz las causas de su lucha contra una vida convulsa, teniendo enfrente a una mediadora, Emilia Bolinches, que no interpelaba, sólo preguntaba y reproducía sus respuestas. El volumen ofrece una biografía contada en primera persona, sin añadidos ni interpretaciones, pasada por el filtro de la transcripción y la ligera reordenación vital realizados por la entrevistadora.

    “Emilia, ahí tienes mi vida" -le dijo Pilar a la periodista-. “Haz con ella lo que quieras, la dejo en tus manos”. La autora del libro evitó en esta confesión biográfica juzgar a la dirigente feminista. Emilia expuso las contradicciones existenciales de una mujer luchadora, nacida poco antes de la II República, que murió esperando que el libro se publicara, y que nunca se pronunció sobre el contenido de sus testimonios cuando los revisó. El oficio del buen periodismo obliga a respetar la opinión ajena. Este libro es la verdad de Pilar, construida informativamente por Emilia, desde una memoria ajena, personal e intransferible.

    Pero en el interior de esta primera escritura voluntariamente objetiva, la periodista sí que construyó un espejo literario en el que años después iba a mirarse y observarse, agregando sus juicios y opiniones. “Emilia, ahí tienes mi vida” – le ha dicho en esta ocasión Emi a su relatora- “Haz con ella lo que tanto tiempo deseabas”. En Cartas marcadas, como en la biografía de Pilar Soler, la periodista-escritora no inventa nada, casi todo está documentado, pero su objetivo es construir una novela de autoficción que le permita interpretar buena parte de su vida, interrogarse por conductas injustificadas en apariencia y saldar cuentas pendientes.


    El artista plástico Vicente Martínez, autor de este juvenil retrato de Emi con un libro de Miguel Hernández en las manos, se convierte en su esposo después de un largo noviazgo. Ejercía de auténtico Pigmalión que le introducía en la pasión por el arte y en la persecución permanente de la belleza y la percepción poética. El es quien le anima a conocer al gran periodista Jesús Hermida para madurar el oficio, que está aprendiendo, con sus consejos y recomendaciones. Pero la discípula (o más bien el maestro Jesús) intenta transformar la amistad en juego de amantes y descubrir el amor romántico del que su novio oficial  (prematuramente infiel) le está priv ando. Marcada por principios que proceden de una profunda conciencia religiosa, Emi no sabe resolver el dilema y sucumbe en la boca del lobo. 
    Pese a todo consigue resurgir del desamor y el fracaso comprometiéndose con la primera línea del periodismo económico y el feminismo valencianos para resolver nuevos retos. En estos procesos le acompaña su gran amiga Ro Boluda, aliada y confidente a la que el destino le privará de forma inesperada. Sobre estos tres personajes principales, en armonía o conflicto con la protagonista, descansa el núcleo de la novela, mientras los padres de Emi (Don Pascual y Doña Emilia) la observan sin entender lo que le pasa y sus hermanas pequeñas ejercen el papel de cómplices.


    Benidorm, la capital mediterránea de las vacaciones de los europeos, aparece como destacado escenario vital y existencial donde Emi construye sus sueños de juventud, los deseos y las decepciones. Pudo cruzarse en la calle con la célebre escritora de EE.UU. Silvia Plath cuando era joven. Ahora su figura se promociona en las playas como alternativa de otra manera de vivir en Benidorm. Un mes después de casarse en Inglaterra con el poeta británico Ted Hughes, ambos viajaron a Benidorm. En sus diarios dejó escrito: en estas playas "por fin hemos encontrado nuestro sitio, nuestro hogar". Los libros de Silvia han guiado a Emilia en la construcción de la novela. Vivía a sólo cien metros de la residencia familiar de verano. Posiblemente sus sueños de entonces estuvieron incluso más próximos. En esta extensa franja azul y verde del litoral mediterráneo nuestra escritora también ha encontrado y recuperado su paraíso, su Ítaca aplazada, construyendo el largo viaje que representa Cartas marcadas.
    También la premio Nobel de Literatura en 2022, Annie Ernaux, profesora de letras modernas, es otra mujer contemporánea que ha guiado la creación literaria de Emilia. Feminista y de izquierdas, Ernaux combate a los que desacreditan su literatura de no ficción con argumentos a favor de la escritura de la vida personal y social, con la práctica de la autosociobiografía. 
    En fin, recomiendo abiertamente la lectura de esta novela, porque realiza un balance existencial muy honesto, construido desde la conciencia de buscar la verdad y los valores éticos. Interpela a quienes confiamos en el amor y señalamos el desamor, ayuda a promover la belleza y la cultura, sitúa y reivindica la autonomía feminista en una sociedad solidaria e igualitaria.

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