martes, 14 de abril de 2020

MAESTRAS REPUBLICANAS: DOS CUÑADAS CON DIFERENTE FORTUNA

Hoy, 14 de abril, día que conmemoramos la proclamación de la Segunda República Española confinados en casa para ganar el futuro a la pandemia del coronavirus, quiero hacer homenaje a las mujeres y hombres que participaron en aquel tiempo en la expansión social  del acceso a la educación y a la cultura, inspirados en la libertad de pensamiento y en valores laicos.
Y para ello os presento un libro editado en Mallorca, por Lleonard Muntaner Editor, titulado Escola pública i mestres depurats (1936-1939). El cas de Maria de la Salut, escrito por Joan Carbonell Matas, profesional del sistema educativo mallorquín especializado en la aplicación de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
Este pequeño volumen mereció el galardón del Premi Font i Roig de ensayo el pasado año, convocado por el ayuntamiento de esta población situada en el noreste agrícola de la isla. Dedica una especial atención a mi madre Ana y a su cuñada Fina y su marido Armando, comprometidos todos ellos con la educación republicana, pero que el desarrollo de la guerra civil, en donde Mallorca nunca estuvo del lado del gobierno legítimo, determinó que padecieran el proceso de depuración impuesto por los militares golpistas y que sus vidas tuvieran, tiempo después, unos destinos muy diferentes.
La portada del libro ilustra la fachada característica del centro construido en tiempo de la Dictadura de Primo de Rivera, levantado gracias al espíritu benefactor del médico del pueblo que se convirtió en promotor de las nuevas escuelas de niñas y niños, conocidas en tiempo más reciente como las escuelas de abajo y de arriba, por su situación en la estructura urbana.
El edificio mantiene todas sus características de sólida arquitectura clásica influenciada por algunos rasgos isleños, como es la presencia de un pozo en el patio central. Su última rehabilitación lo ha transformado en una hermosa biblioteca y espacio cultural. A raíz de su doble inauguración en 1928 y 1929 desfilaron primeros personajes de la vida nacional: el infante de España, Jaime de Borbón, y el presidente del Consejo de Ministros, Miguel Primo de Rivera, cuando seguía reinando Alfonso XIII. Yo he tenido oportunidad de visitarlo en dos ocasiones.




Carbonell cuenta que Fina Millás Mossi (identificada en la documentación como Josefa) fué una de las maestras desplazadas de la zona republicana de Menorca a Mallorca por razones familiares, y en esta última isla le cogió en julio el inicio de la guerra por lo que no pudo regresar a su plaza en propiedad en Ciutadella. Se incorporó el 12 de noviembre de 1936 a la escuela de niñas de María de la Salud, aunque vivía en Palma con su novio y posterior marido Armando, maestro en la población de Artá. A raíz de la guerra se había incorporado como brigada de complemento de ingenieros del Batallón de Baleares. Pero pese a esa decisión de entrar en el ejército franquista  (tal vez así evitaría sospechas sobre su ideología republicana -añado yo- ) estuvo pendiente de un consejo de guerra de carácter colectivo y permaneció varios meses encerrado con carácter preventivo en la prisión del fortín de Illetes.
En septiembre de 1936 Fina y Ana Covas Brunet (Anita para nuestra familia, nacida el 25 de julio de 1915 en Palma) coinciden en María y mantienen una amistad muy estrecha. Es Josefina quien presenta a su hermano a Ana, que será su futuro esposo Manuel. Así inicia el autor el apartado dedicado a Dues cunyades amb diferent sort.
Josefa era mayor que Ana. Había nacido en Valencia el 11 de enero de 1911. Desde enero del 35 era maestra definitiva de párvulos en Menorca. De las diferentes depuraciones que tuvieron lugar en Mallorca intentó pasar la primera, según acredita la documentación, con informe favorable de la Guardia Civil y el alcalde, pero fue el capellán del pueblo Matías Noguera quien puso las principales objeciones: "deja algo que desear debido a su manifiesta frivolidad demostrada sobre todo en sus pinturas y exagerada inmodestia en el vestir dando mal ejemplo a las niñas", "no son tampoco nada recomendables sino más bien merecedoras de toda censura las noticias que llegan de ella", y sin embargo el párroco reconoció que "cumple como cristiana porque asiste a misa y comulga con alguna frecuencia".
Toda esta documentación se conserva en el Arxiu Museu de l'Educació de les Illes Balears, abierto en la población de Inca, gracias a la visión de futuro que tuvo un empleado de las oficinas de la  delegación de Educación en Palma. Cuando la intentona de golpe de estado de 1981 decidió meter en cajas la documentación sobre las depuraciones de maestros republicanos y conservarla en lugar seguro.
El encuentro entre Fina y Anita, mi madre, quedó escrito en un diario de su juventud que redactó a los 80 años, al recordar una etapa que consideraba feliz por la formación y autonomía personal que adquirió como mujer con cultura y futuro profesional, gracias al apoyo familiar y a la gestión educativa de la República. A ambas se les puede reconocer, junto a otras profesoras, en las fotos del álbum familiar de aquella época, apoyadas sobre las características columnas de la fachada.



En un segundo expediente de la depuración de Fina, según la documentación que ha manejado Carbonell, se le relacionó directamente con el registro de los domicilios en Artá de Armando y de otro compañero suyo de profesión en  los que "presuntamente se encontró material de ideología anarcocomunista". Por lo que le denegaron en enero de 1938 un nuevo destino en Palma y alrededores. Pese a que la comisión no pudo probar su filiación política republicana ni sindicalista, en el sobre figura la letra R, que significa "roja".
Y es que -escribe el autor del libro- los depuradores aplicaban a las maestras criterios más exigentes que a los maestros. Para analizar su conducta exigían sumisión, inhibición, docilidad y discreción: debían ser sumisas a la Iglesia, sexualmente reprimidas, dóciles frente al hombre. Si este no era su perfil, la maestra republicana no era rehabilitada y seguía depurada para la actividad docente franquista.
Finalizada la guerra, Josefa no se presentó en octubre de 1939 a su plaza en propiedad de Ciutadella, porque se había casado con Armando el 21 de julio de 1938 en la parroquia del Terreno, barrio palmesano donde vivían. El último año bélico prefirió dedicarlo a cuidar de su esposo que seguía en la prisión militar de Illetes. Es posible que en su salida de prisión y posibilidad de regresar ambos a Valencia influyera mi padre Manuel, que pasó la guerra en la isla junto a su hermana, primero como joven falangista y luego, al incorporarse a filas, como militar que ascendió rápidamente en el cuerpo de ingenieros ocupado en una unidad de morteros, por tener estudios de técnico industrial.



En el diario de mi madre ha quedado escrito el encuentro con Fina y su hermano Manolo con las siguientes palabras: "A los pocos días llegó la nueva maestra, acompañada de su hermano, un joven vestido de falangista... Nosotras dos simpatizamos enseguida, nos agradamos en extremo. En cuanto al falangista no me fijé mucho en él...Nuestra amistad se hizo fuerte, verdadera y... pasamos juntas toda la guerra... muy buenas amigas, casi como hermanas... Por eso mi amistad con los Millás se hizo muy intensa". El hermano "cambió su uniforme de falangista por el de militar, pues llamaron a su quinta".
En el expediente de depuración de Anita fue el capellán Matías Noguera, quien de nuevo puso las objeciones más reaccionarias: "Respecto a la conducta social y particular, antes más modesta y seria, últimamente, y lo atribuyo yo al pernicioso influjo de otras compañeras maestras, dejaba algo que desear y fue objeto de censuras por parte del público". De modo que en el curso 1937-38 se dedicó a coser ropa militar en casa, al ser depurada. Una vez formalizada la relación sentimental con Manolo pudo reincorporarse a la escuela de María de la Salud en el último curso de la guerra.
El destino, la suerte final de las dos cuñadas, fue muy diferente. Fina murió el 15 de enero de 1941 en Valencia durante el parto de su primera hija, quedando el bebé al cuidado de Armando y su familia, en cuya casa vivían pues tras dejar lejos los trágicos episodios de Mallorca carecían de medios económicos. 
Anita recuerda en su diario que Fina le escribía para recomendarle que se casara pronto con su hermano, "que en la familia de Valencia todos me esperaban". "Pero entonces ocurrió algo impensado y terrible... Fina falleció después del parto, acto seguido. Yo estaba en Maria de la Salud y recibí carta de Manolo, con la fatal noticia. Yo quedé desolada... además del dolor, sentí miedo al parto (ya lo tenía) y pensé que no me iba a casar, no por entonces. Y así se lo escribí a Manolo".
Para mi madre la amenaza de que el ejército franquista fuera a participar en la Segunda Guerra Mundial, suponía tener que separarse de su novio, con el riesgo de perderlo definitivamente en un nuevo conflicto bélico. Esta posibilidad de que España entrara de nuevo en guerra, le hizo cambiar de opinión y el 8 de septiembre de 1941 mis padres se casaron en la ermita de la Bonanova, en Génova.
Si Fina truncó definitivamente su vida y su carrera de maestra republicana de manera tan dramática a los 29 años, casi 30, Anita, después de criar una familia de seis hijos, tuvo la oportunidad de reincorporarse como maestra, 42 años después, en el curso de 1981-82 a una escuela de Xirivella (Valencia) gracias a la ley de Amnistia de 1977. Dos años antes de su jubilación recuperó el espíritu de mujer libre, que trabaja fuera de casa, se relaciona socialmente con quien desea y aporta un sueldo al hogar. A mi padre le costó digerir el cambio, aunque nunca se opuso a su decisión y colaboró en aplicarla. Pero algún efecto interno, indeterminado, debió producir la vuelta de su esposa a la independencia de su juventud, porque mi padre dejó de vivir a los 74 años, víctima de un infarto y una dolencia pulmonar, y Anita le sobrevivió muchos años mas, hasta que falleció a los 97 protegida por una autonomía económica efecto de su profesión recuperada.
Me produce una enorme alegría poder escribir hoy este homenaje dedicado a dos maestras republicanas y recomendaros la lectura de la investigación realizada por Joan Carbonell Matas, que pese a centrarse en la realidad de una pequeña escuela de un pequeño pueblo mallorquín, representa la memoria de numerosos hombres y mujeres que desde el magisterio lucharon por defender los valores democráticos de una escuela laica. 

domingo, 8 de marzo de 2020

LOS AMNÉSICOS, DE LA PERIODISTA GERALDINE SCHWARZ

           La actual visibilidad femenina facilita asumir colectivamente las responsabilidades más cotidianas de la sociedad, y reconocer el papel ejercido por las mujeres tanto en el mundo privado del crecimiento personal como en el desarrollo del tejido social. Se acabó su espacio de invisibilidad. Hoy 8 de marzo ofrezco a los lectores del blog mi modesto homenaje a este cambio histórico, que significa colocarlas en plano de igualdad con los hombres.
Al trabajo oculto, que no clandestino, que practicaron durante siglos le corresponde ahora un reconocimiento laboral con un mejor salario y un reconocimiento moral ajustado a su influencia real, unas mejoras económicas y profesionales, después de haber ejercido en la sombra un poder imprescindible para garantizar la estabilidad social.
            Llegó el tiempo de dejar de existir como seres invisibles que no podían reclamar las medallas que les correspondían por cuidar de los mayores, de los hijos, de la educación, del espacio público de la ciudad, del respeto a la naturaleza, del sustento en tiempos de guerra y de la convivencia en los tiempos de paz. Llegó la oportunidad de no ignorar sus logros en todos los ámbitos culturales, científicos y económicos, donde algunas consiguieron situarse en el espacio público pese a la obstrucción patriarcal.
         Estas semanas se ha cruzado en mis pensamientos otra significación del concepto de invisibilidad femenina, que engarza con una palabra que representa una lacra social para varias sociedades europeas: amnesia colectiva. El motivo de esta nueva conciencia procede de la reciente lectura del libro de la periodista franco alemana Geraldine Schwarz, Los amnésicos. Historia de una familia europea, texto que luce el galardón de mejor ensayo europeo, editado en 2018. Cuando se impone invisibilidad a determinados sectores sociales a la vez que se promueve la amnesia en la sociedad, se pretende no reconstruir un pasado traumático y de sometimiento porque una parte de la sociedad impuso con violencia su programa a la otra parte. La amnesia nos sitúa ante sociedades enfermas que nunca avanzan en el ámbito del reconocimiento de lo que realmente son, naciones que nunca quieren identificar el origen real del que proceden y la diversidad de sus grupos sociales.


        Schwarz demuestra a lo largo de un extenso razonamiento muy bien documentado que el genocidio y los crímenes contra la humanidad realizados por los nazis, con el apoyo tácito francés del régimen de Vichy y de otras naciones europeas, contaron con la actitud cómplice de mirar hacia otro lado practicada por numerosos sectores sociales de su país. La periodista pone el acento en la amnesia asumida por la mayoría de alemanes. Esta actitud en alemán se define con la palabra mitläufer. Todos ellos fueron actores secundarios, pero actores participantes, en definitiva, en los crímenes contra la humanidad. Geraldine Schwarz desenmascara a los ciudadanos callados -entre ellos algunos de sus antepasados familiares-, que hicieron la vista gorda a lo que estaba aconteciendo, cedieron ante el atractivo de determinadas actuaciones del Reich que les producían beneficios, como fue el hecho de explotar negocios incautados a los judíos. No mostrar desacuerdo ante un gobierno criminal y dictatorial, y beneficiarse de sus arbitrariedades es, en realidad, una forma de complicidad.



         En el conjunto del marco cronológico que reconstruye su ensayo, desde 1939 hasta 2017, podemos reconocer que el retraso y la resistencia conservadora a revisar el golpe de estado franquista y la posterior dictadura de cuatro décadas en España, constituye un elemento no tan diferenciador de los olvidos practicados en Francia y Alemania para condenar el nazismo. Porque la misma resistencia social a aceptar en España una reparación política mediante la aplicación de una ley de memoria histórica para arrinconar la amnesia colectiva, existió en la sociedad alemana un deseo de no mirar su pasado. Una vez finalizado el III Reich se tardaron 40 años en reconocer públicamente los crímenes cometidos contra un amplio sector de la población en nombre de la limpieza étnica y el antisemitismo criminal.
Hasta 1985 no se produjo una confesión pública y explícita de un dirigente alemán, el presidente democristiano Richard von Weizsäcker, en unos términos que Konrad Adenauer o Helmut Khol nunca habían pronunciado antes. Weizsäcker reconoció la responsabilidad del pueblo alemán en el holocausto y su culpabilidad en los crímenes del nazismo antisemita. Hasta entonces el discurso oficial practicaba las ambigüedades, pese a que el juicio de Nuremberg promovido por los aliados hubiera intentado aplicar un veredicto ejemplar en los años 1945-46. Luego, la caída del Muro de Berlín consolidó ese reconocimiento de la culpa colectiva al revisar la locura social creada por Hitler y sus numerosos apoyos, tácitos o silenciosos, que encontró en la sociedad alemana.


Con Francia sucedió algo parecido, según la periodista Schwarz. Hasta 1995 no se reconoció ni se condenó el apoyo que obtuvo el holocausto en el territorio galo desde donde salieron trenes repletos de refugiados y judíos con destino a su muerte en crematorios instalados en territorios controlados por los nazis. Debieron pasar 50 años para que Jacques Chirac, presidente de signo conservador, decidiera enterrar la política defendida por los amnésicos europeos y reconociera públicamente que el régimen de Vichy, constituido en la Francia ocupada por los nazis, había participado en los crímenes del holocausto. El socialista Mitterrand durante sus largos años de poder omnímodo nunca asumió esa culpabilidad y su respuesta a las acusaciones de amnésico era: “Vichy no es Francia”. Los crímenes de Vichy no formaban parte de la gloriosa historia francesa en la que se cuenta que aquel período histórico sólo se superó gracias a la Resistencia de los franceses que consiguió echar a los nazis del país con la colaboración final de los aliados.
       En España era impensable que el franquismo pidiera perdón a sus víctimas republicanas. Después de los 38 años de dictadura de Franco, desde 1976 hasta la aprobación de la ley de memoria histórica que aconteció en 2007, pasaron 29 años, un plazo de tiempo en cierto modo más corto que el empleado por Alemania y Francia para superar la amnesia y reconocer la culpa. En estos países no se implantó al finalizar la guerra mundial una dictadura como la española.
Las corrientes de fondo que marcan el devenir social son especialmente lentas e invisibles en determinados temas en los que la culpabilidad y el trauma colectivo se esconden para poder hacer frente al presente, o simplemente porque la mordaza de una dictadura obliga a ocultar el dolor sin duelo para sobrevivir.
         Tal vez en esta combinación de invisibilidad con amnesia colectiva se encuentran las claves de la sorpresa y el dolor atávico que produce escuchar hoy en el parlamento español opiniones de la extrema derecha y determinados políticos conservadores que representan todo lo contrario de los valores de la democracia construida gracias a la actual Constitución y a la tradición de la II República. ¿De dónde salen esos rugidos, ese machismo hinchado de fascismo? ¿Cómo se han podido alimentar durante las últimas décadas valores de intolerancia y aniquilación del contrario?
Hasta ahora no se les había prohibido manifestarse, no se había decretado su invisibilidad. Pero se les había obligado por ley a  abandonar la amnesia y la manipulación de la historia colectiva pasada. Y, sin embargo, ahí se mantuvieron, transformados en larvas, hibernando en las cloacas del país, invisibles, mudos. ¿De dónde salen esos rugidos que promueven el miedo a la libertad y reclaman la presencia de dictadores salvapatrias? Quiénes no sólo les escuchan sino que también aplauden y lanzan por sus bocas los mismos insultos a la inteligencia ¿dónde han estado viviendo estos años, donde estaban agazapados, en qué país han nacido? Qué débil transmisión de valores democráticos se ha producido entre generaciones en nuestro país para desmontar la ideología franquista que ahora resurge de las tinieblas.
Leyendo el ensayo de Geraldine Schwarz descubrimos la amnesia que ha acompañado durante décadas a amplias capas de la sociedad europea y lo costoso que ha sido asumir la responsabilidad ciudadana de que el holocausto se produjo porque numerosos ciudadanos lo apoyaron. Pienso, como conclusión de mi reflexión, que se puede establecer una cierta relación entre las invisibles y los amnésicos, por tratarse de sectores sociales que no ayudan a superar acontecimientos traumáticos y estructuras injustas. Las primeras porque tienen prohibido participar en la vida pública y los segundos porque con su silencio dejan hacer a los dictadores fascistas y perdonan sus demostradas culpas.

(Las fotos (la puerta de Brandeburgo, el homenaje a las víctimas del holocausto, los restos del muro de Berlín) con que ilustro el artículo corresponden a un viaje a la capital alemana, realizado en otoño de 2008)

domingo, 23 de junio de 2019

GUSTAVO ALMEIDA, PASIÓN POR EL ESCENARIO

"Vértice" es el nombre del cuarto disco de Gustavo Almeida, brasileño afincado en Galicia. Y es también el contenido musical fundamental de la gira de conciertos que Gustavo está ofreciendo por diferentes ciudades españolas durante 2019. Hace unos días le tocó el turno a la capital del Turia, ciudad precisamente donde realizó toda la producción del disco en los estudios del músico y productor Nacho Mañó (miembro del emblemático grupo Presuntos Implicados). Asimismo es el lugar donde el cantante comenzó su trayectoria profesional impulsada por Assisi Producciones, Música y Compromiso.
He tenido la fortuna de incluir en el disco libro que ha editado un texto mío -por generosa petición del cantante- en el que imagino que Gustavo me encomienda la tarea de presentar su concierto anticipando desde el micrófono a los espectadores lo que van a ver, el artista que van a encontrar sobre el escenario. En el texto, que titulo "Para encender el corazón", invito al lector a  descubrir a Almeida a través de unas letras y melodías que le salieron de las entrañas, con sentimientos y pasiones de muy variada modulación.
Pues bien, ahora, después de volverlo a encontrar iluminado por unos focos en Valencia, no se trata de imaginar sino de confirmar que la pasión de este cantante sabe cautivar al espectador que decide asistir a sus conciertos. Su noche valenciana estuvo llena de intensidad, cálida interpretación y excelente ejecución musical.


"Fué de repente", en castellano y en brasileño; "El escenario", ese espacio en el que sueña a diario aquel niño hijo de la artista que de mayor decidió colgar las botas de futbolista; el amor que siempre escapa en "La deuda del universo"; "El cielo siempre se abre" para quienes no tienen las llaves del futuro y de las ilusiones; "Entre el cielo y el olvido" todo lo vivido no se pierde si el camino es la verdad; y así otros cautivadores temas de amor y desamor van completando el concierto que ya había visto por primera vez con motivo de su estreno en el Teatro Principal de Pontevedra. Pero la melodía que nunca pasa desapercibida, y que Gustavo interpreta mirándose hacia dentro, es "Tú nunca estarás sola", dedicada a su hija Isabela y al espacio infinito que ocupa en su corazón -en cierto modo también evoca a su hijo Luan- :"...ni siquiera cuando todo el mar se seque... ni aunque la misma soledad te abrace fuerte y no te suelte...tú nunca estarás sola".



En el espectáculo la presencia de Nacho Mañó, situado con su guitarra bajo la luz tenue del foco azul, transmitía la imagen de ser mucho más que el productor del disco. Como ángel protector descendió con vuelo reposado a recoger al acelerado Gustavo, que entregado a su pasión por el escenario y por interpretar sus creaciones con el cuerpo y el alma encendidos, se había saltado una de las canciones previstas. Le recordó que había que ajustarse a la planilla del espectáculo para alcanzar el ritmo propuesto. 
La canción "Sabías", que Nacho y su compañera en la vida y en el escenario Gisela Renes incluyeron tiempo atrás en el disco "Tonada de luna llena", formó parte de la magia de esta noche valenciana, pues ambas voces crean un contrapunto muy sugerente dado los orígenes de sus ejecutores: Brasil y Argentina.



En el escenario el juego de seducción que despliega Gustavo no tiene un número marcado, como sí que sucedía cuando años atrás jugaba en un equipo de fútbol y salía al césped con la camiseta numerada, formando parte de un colectivo de deportistas. Sobre las tablas del teatro se la juega sólo, perfectamente arropado por dos guitarras más la suya, un piano y un batería (en determinadas actuaciones la banda se amplia). Y es que sus conciertos son un encuentro de soledades en el que Gustavo se emplea a fondo, y consigue conquistar la emoción de nuevos oyentes para su música.



En el disco libro "Vértice" el interprete dedica un amplio espacio a explicar el camino que recorrió para llegar a la grabación definitiva del trabajo y poderlo presentar en compacto a sus numerosos seguidores. Finaliza su testimonio escrito con estas palabras que vencen inseguridades, las que cualquier creador honesto genera antes de su estreno o de su actuación, Luego, sobre el escenario, las dudas se transforman en crecimiento, emoción y placer. "Si el fin era este, toda la travesía ha valido la pena. Todo lo vivido no se pierde si el camino es tu verdad. Antes o después se confirma que valió la pena andar".
Después de ver a Gustavo Almeida sobre un escenario en Valencia creo que -como ya he escrito en su disco- siempre canta para encender el corazón. Con sus canciones es imposible mostrar tibieza, indiferencia, distancia.





domingo, 28 de abril de 2019

¡LA LECHE!, REVISTA CULTURAL PARA NIÑOS QUE CAMBIAN EL MUNDO

Cada número intenta ser diferente. Cada comparecencia informativa con el joven lector no sólo cambia el mundo exterior, la estación meteorológica, la temperatura ambiental, transforma también la interacción psicológica que reclama para leer el contenido del número de 64 páginas. En cada cita periódica altera la cabecera con la que se ofrece a los/las seguidores/ras. Esta revista ¡La Leche! es realmente una leche cada ocasión que comienzas a leer sus numerosos temas y secciones: revista para los que nunca hacen trampa, revista para los que tienen buena puntería, revista para los que repiten postre, revista para los que tienen sueños y sueño... y así hasta que dure el apoyo de los lectores. Quienes la hacen son editores inagotables, infatigables, siempre a punto de renovarse e indagar.


Con generosa humildad inició esta aventura hace pocos años Gustavo Puerta Leisse, amante de los libros y las librerías, especialista en la critica literaria y en la escritura para niños y jóvenes. La alimenta rodeado de un seleccionado equipo de escritores, ilustradores y pedagogos, dispuestos a encontrar nuevos caminos en la información que merecen recibir los pequeños cuando pretenden acercarse al mismo mundo que vivimos, disfrutamos y padecemos los mayores. Este es precisamente el valor añadido de la publicación: el sumario de temas comparte intereses de muchas generaciones, y aunque el estilo literario no abandona el tono didáctico, pedagógico y cercano, para el lector experimentado su lectura sigue siendo un placer informativo.
El editor de la revista subraya tres factores como objetivo prioritario de quienes diseñan y llenan de contenido el tazón informativo de ¡La leche!: las posibilidades que abre la comunicación escrita con los niños, la oportunidad de reflexionar sobre el presente y la finalidad de poder compartir su trabajo y creatividad con el lector. Yo añado una cuarta observación, después de haber experimentado con la lectura de varios números. La manera de abordar los temas impulsa una comunicación no reglada entre los adolescentes y los adultos que comparten la publicación. Está pensada para que la lean y entiendan los niños, pero sin vivir ajenos al mundo ya determinado y adulto que les rodea. Favorece la comunicación intergeneracional.


Gustavo busca en su memoria infantil argumentos para encontrar el tono de la publicación. De entrada el autoritarismo queda absolutamente relegado. "A muchos adultos les cuesta argumentar. No están acostumbrados a explicarles a sus hijos o alumnos por qué deben hacer algo", confiesa abiertamente. "Tampoco son capaces de satisfacer la necesidad que tienen los niños de comprender aquello que les obligan a aprender. Muchas veces detrás de esta reacción autoritaria se halla la pereza. Pensar requiere un esfuerzo. Explicar exige análisis, tiempo y dedicación. Discutir demanda atención, escucha y cierta dosis de humildad".
Y esa falta de esfuerzo adulto es la que le condujo a una frustración ortográfica que sólo ha podido solventar al llegar a mayor y disponer de un espacio escrito para articular la respuesta que en su día no quisieron ofrecerle. "De niño le pregunté a mi maestra por qué la palabra vehículo lleva una hache intercalada. "Deja de buscarle los tres pies al gato" fue su pedagógica respuesta", afirma. De modo que hoy el lector de ¡La leche! puede encontrar la respuesta aplazada, todo un dossier dedicado al sentido de la ortografía en la comunicación. Y de paso le recuerda a la perezosa maestra que "si le buscas los tres pies al gato, es posible que descubras con fascinación que tiene cuatro patas, que te preguntes por su rabo, que te plantees por qué los humanos hemos perdido la cola, que imagines cómo sería nuestro día a día si tuviéramos este apéndice flexible".


Los contenidos corresponden a un abanico de intereses muy diversos. Desde la situación actual de la Antártida, las características del antiguo Egipto o el mundo cerrado de Corea del Norte, a las nuevas formas de amar entre personas del mismo sexo, el mundo de los sueños o la vida social de las plantas. Los encartes permiten jugar y establecer una manipulación manual para apropiarse del buen papel y excelente edición que caracteriza a la revista. Y nunca faltan un disco y una película recomendados, que ocupan las últimas páginas del número.
Para mi fue una sorpresa descubrir el expositor de ¡La leche! en la última edición de Baba Kamo, festival y feria del libro ilustrado, que ocupó el claustro gótico del Convent del Carme, en València, el pasado diciembre. Si queréis disponer de más información, en este correo podréis encontrarla: buzon@revistalaleche.com.



domingo, 13 de enero de 2019

PRESENCIA DE CAMERÚN EN LA BIBLIOTECA DE VALÈNCIA

Mirar la realidad desde el objetivo de una cámara fotográfica corresponde a uno de los grandes placeres que tenemos las personas que deseamos conocer más a fondo todo lo que vamos viendo en nuestro acontecer diario. No importa que sean situaciones cotidianas ya conocidas; ser fotografiadas las dota de una novedad, como si por primera vez fueran observadas. Si son hechos novedosos, espacios, paisajes, personas que miras con gesto de desconocidas, el objetivo agudiza, en ese supuesto, el poder de análisis, cercanía, descubrimiento, proximidad.
La escritora y fotógrafa valenciana Maluy Benet aparentemente lo tenía fácil cuando viajó a tierras de Camerún y decidió escribir un diario literario y gráfico de la experiencia. Todo le resultaba extraño. Su mirada deseaba absorber rostros, paisajes, grupos de personas, vida cotidiana. Se sentía mentalmente desnuda ante la gente de un continente en el que no cabe adentrarse con juicios previos arrastrados desde Europa. De modo que su cámara enfocaba el encuadre que la propia realidad social y física le ofrecía. Ni había elección previa del tipo de mirada ni tampoco pretendía embellecer lo que no percibiera como heróico.
Por estas y otras razones el visitante que recorre la exposición de fotos, llamada "Presències", que ofrece en la Biblioteca de València, situada en el maravilloso crucero del antiguo hospital de la ciudad, se enfrenta a un relato iconográfico espontáneo, natural, escasamente manipulado, muy alejado de las hazañas épicas por ríos acelerados o por estepas desérticas donde tigres y leones acechan la llegada del turista motorizado. Maluy ha conseguido en su observación de la sociedad tradicional camerunesa fusionarse con la forma de reir y llorar de sus mujeres y niños. En la imagen que os muestro he intentado aproximarme visualmente a este pensamiento que me surgió en la exposición que visité acompañado por la autora. Las mujeres en las fotos cubren su cabeza con una media calabaza multicolor, negación festiva de los habituales cascos protectores de sus guerreros.


Cada instantánea se muestra acompañada de una cita literaria procedente de obras de escritores de la literatura contemporánea, que nos ayuda a entender las formas de vida de los países africanos que tienen su salida al mar en la costa del amplio golfo de Guinea. Los 400 kilómetros de litoral que posee Camerún, limitando al norte con Nigeria y al sur con Guinea Ecuatorial, representan la cota más baja de un país en el que sus montañas tierra adentro superan los 4.000 metros. Al contraste geográfico le acompaña la dualidad cultural, francófona y anglófona, procedente de un pasado colonial, que acabó en 1960, en manos de Francia y Reino Unido.
Javier Reverte recuerda al visitante de la exposición que en África la paciencia no es una virtud, es una necesidad. Precisamente Maluy tuvo a veces que esperar pacientemente para conseguir la imagen del rostro que deseaba reproducir. En los poblados de tradición animista se cree que cuando te sacan una foto te han robado el alma. Así que era necesario enfocar a los compañeros de expedición para poder descubrir lejos y detrás de ellos, entre sus cabezas, el rostro local que deseaba inmortalizar, ajeno a la supuesta usurpación de su espíritu. También el teleobjetivo le ayudaba a captar la situación de manera espontánea sin previo aviso, sin indicar a los protagonistas de la imagen lo que debían hacer o expresar.
El conjunto de fotografías que nos ofrece esta escritora valenciana refuerza su manifiesta admiración profesional por el trabajo de José Manuel Navia, maestro en la foto de paisajes y costumbres. A esta fuente de inspiración técnica, añade su curiosidad de escritora dispuesta a descubrir y transmitir nuevos mundos, nuevas vidas, nuevos ángulos de percepción social. Como la imagen de un joven ciclista que captó circulando por un sendero de tierra seca, sin ninguna medida de protección personal ni advertencia de que al otro lado del camino la caída en el vacío podía arrastrarle a la muerte.  


Pitoa, Tourou, Nkongsamba, Foumban, Maroua, Pouse, Kribi, son nombres que corresponden a las diferentes paradas y poblaciones de aquel viaje realizado por Camerun hace unos años, cuando la amenaza yihadista de Boko Haram contra la región situada al norte del país no había situado la actualidad camerunesa en la primera plana de la prensa internacional. Asimismo la dictadura presidencialista en la que se asienta el poder político de Camerún salta ahora a los medios informativos, como un ejemplo más de las jóvenes repúblicas africanas que superaron el colonialismo y que todavía desconocen lo que es la democratización de la vida pública y de los recursos económicos. La esperanza de vida de los cameruneses, situada en los 54 años, es uno de los índices más bajos del mundo. Entristece dejarse llevar por la alegría de vivir que muestran los jóvenes protagonistas de la exposición y saber que su proyecto vital se interrumpirá antes del tiempo deseado.


Maluy Benet incorpora a la extensa bibliografía literaria que posee como escritora en valenciano, unas colaboraciones muy especiales en libros de fotografía, presentados en ediciones que fueron objeto de especial atención cuando salieron al mercado. Se trata del libro de Cristopher Makos dedicado a la comunidad valenciana  y del catálogo y exposición del reconocido Sebastiao Delgado que formó parte de la programación de la Bienal de València. También fué responsable de la parte fotográfica del libro "Sentiments", editado por el Grupo 10. El fotógrafo estadounidense Cristopher Makos -recordemos- entró en el mundo de la fotografía de la mano del artista Man Ray, cuando el artista americano inició una etapa de residencia en Europa. De vuelta a Nueva York enseñó el oficio a Andy Warhol.  

domingo, 30 de diciembre de 2018

TRAS LAS HUELLAS DE UN MAESTRO REPUBLICANO


Las historias de maestros y maestras republicanos ya van conquistando una extensa bibliografía y un catálogo importante de producciones audiovisuales en nuestro país, resultado de la regulación política de la memoria histórica y de una nueva conciencia social e intelectual. Para regenerar la vida pública española muchos pensamos que es imprescindible dar voz y sepultura a los que fueron víctimas de la guerra española y víctimas también de la manipulación ideológica e histórica implantada por el régimen de Franco en la posguerra. Esto no es reabrir heridas. Al contrario, esta acción social y cultural es intentar aproximarnos a la verdad y superar el dolor de la pérdida y la ausencia que se mantiene vivo en el corazón de muchos españoles. Además, consiste en una buena medida política preventiva, para ser conscientes de lo que conllevaría apoyar una política dictatorial y fascista en el futuro.

    El comentario lo hago a propósito del libro del profesor Ángel Luis López Villaverde, "El ventanuco. Tras las huellas de un maestro republicano" (Almud Ediciones de Castilla La Mancha), que tuve la fortuna de presentar en la pasada edición del Festival Cinema Ciutadá Compromés, en la sesión que pasamos un documental de Paco Picó dedicado a Rodolfo Llopis, dirigente socialista que hizo de la docencia y la pedagogía un instrumento para crear personas libres. El volumen está escrito a raíz de la investigación que ha permitido reconstruir la biografía de un maestro republicano, Gervasio Alberto López Crespo, el abuelo del autor, víctima de las dos Españas, la republicana y la fascista, que dirimieron el futuro del país a lo largo de tres años de guerra civil provocada por el golpe de Estado de los militares y los falangistas, entre otros sectores sociales, para aplastar la legalidad de la II República. 


     Esta biografía está  marcada por las nuevas posibilidades educativas que impulsó el dirigente socialista Rodolfo Llopis, en aquellos años, desde la dirección general del ministerio republicano. Los destinos profesionales de Llopis y López Crespo se cruzaron en Cuenca antes de la república, a principio de los años 20 del pasado siglo. El autor del libro adopta como propias las palabras de Josep Fontana en las que se denuncia la falsa equidistancia que aducen los conservadores cuando se niegan a impulsar la memoria histórica. “Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una república que formó maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó a maestros, cerró escuelas y bibliotecas y quemó libros”.

       Con una fidelidad absoluta al conocimiento de su abuelo, fusilado en el paredón y representante de la España que quería aprender y saber, López Villaverde ha agrupado la biografía en tres grandes episodios: primero, los años en los que el pastor Gervasio, nacido en un pueblo de La Alcarria, aprende y se transforma en Don Gervasio, maestro de Almagro y otras poblaciones de las provincias de Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara. En la segunda parte seguimos el itinerario ideológico del maestro que adquiere primero conciencia sindical en UGT y luego descubre el proyecto republicano en Izquierda republicana sin renunciar a su arraigada fe católica. El tercer período de la biografía es el más triste, es el que ha marcado la tragedia familiar a la que dedica el autor su libro, la violencia roja y azul que torturó a Gervasio Alberto, pese a que ejerció en su comunidad de persona justa y marcada por la dignidad social. Lo descubrimos en el libro como una persona que intentó no perder la esperanza, observando el trozo de cielo, que el pequeño ventanuco de su encierro, junto a la Plaza Mayor de Almagro, le permitía ver cada día, a pocas fechas de producirse su ejecución.


     El autor aprovecha la biografía de su abuelo para dar vuelo y perspectiva a la microhistoria que representa su trayectoria vital y familiar, y ese camino metodológico le permite seguir escribiendo la gran historia contemporánea de la sociedad manchega, de la sociedad local de la ciudad de Almagro, haciendo uso de investigaciones anteriores, de archivos y numerosa documentación que convierte la lectura del libro en una tarea entretenida, atractiva y sugerente. Para organizar el relato cuenta no sólo con los testimonios, recuerdos y archivos de la familia, amigos y vecinos, sino también con las colaboraciones que López Crespo publicó en varios semanarios de la época exponiendo sus opiniones sobre la sociedad, la educación y la cultura. De manera especial en la revista La Tierra Hidalga y después en el semanario conservador Renovación, donde hizo pública su fe republicana. Recordemos que el protagonista del libro ejerció de maestro en una sociedad atrasada, donde era analfabeto uno de cada dos hombres y dos de cada tres mujeres.

     La confesión republicana que Gervasio escribió en esos medios esconde ecos que todavía hoy se pueden escuchar en España: “Ser republicano equivale a ser señor de sí mismo, soberanos de sus propias decisiones, forjador de sus propias leyes, tener conciencia de su propio valer… ser monárquico, en cambio, equivale a cesión de derechos, a abandono de funciones, a confiar nuestro porvenir en  la suerte de los hados”. Este libro  es un acto de amor a la memoria familiar y a la verdad histórica, es un acto de reconocimiento a los valores republicanos que por desgracia en la historia española han tenido, hasta ahora, un recorrido institucional muy corto: dos años en el siglo XIX y ocho en el siglo XX.


      La reconstrucción informativa que nos ofrece el historiador López Villaverde, se sitúa entre los diferentes géneros narrativos que han practicado antes que él numerosos historiadores, escritores y novelistas, que han dedicado a esta etapa de la historia española, un ensayo, una biografía, una crónica, una encuesta documentada, y yo añadiría, una novela sin ficción. ¿Se encuentra El ventanuco en la línea literaria de esta última variedad de género?

     Valoro esta biografía como un libro de libros. En sus páginas encontramos constantes referencias a los libros y ensayos que el autor ha leído para construir y documentar su relato. Las últimas 150 páginas del volumen son tan interesantes como las 300 páginas primeras dedicadas a la vida del maestro homenajeado. Y son interesantes porque el autor habla en primera persona y muestra sin reservas los hilos manejados por otros autores que le han permitido tejer su emotivo relato.

     Confieso que cuando conocí el título del libro me quedé desconcertado. No sabía a qué se refería. Pero al leer la biografía ya lo entendí. Lo explica con detalle el autor. El ventanuco es una pequeña apertura en una pared, que todavía se puede contemplar desde la plaza principal de Almagro, que en el 36 fue una cárcel y ahora representa la fuerza evocativa e imaginativa que López Villaverde ha empleado en la reconstrucción de la vida de un ser querido al que nunca conoció. El ventanuco es el único espacio por donde pudo entrar un rayo de luz en un período negro, violento, destructivo y agresivo de la vida española. El autor se ha inspirado en ese rayo de esperanza que le transmitía ver desde lejos la pequeña ventana, para rendir un justo homenaje a su abuelo, a sus padres y tíos, a todos los maestros y maestras republicanos que intentaron dar dignidad y autonomía a millares de jóvenes ,que en su mayoría vivían rodeados de analfabetismo en las zonas rurales. López Villaverde sigue contemplando el ventanuco, testimonio de la prisión que existió en Almagropara expresar su fidelidad a un pasado familiar que ha marcado y marca el tiempo presente de la sociedad en la que vive.

jueves, 13 de diciembre de 2018

JOSÉ MONLEÓN, ILUMINADOR DE SOMBRAS


En la colección "Libros de la Academia", una iniciativa de la Academia de las Artes Escénicas de España (AAEE), ha aparecido una interesante selección de escritos pertenecientes al gestor y teórico del teatro José Monleón. Con este libro publicado dos años después de su muerte es fácil reconstruir su pensamiento social y político, la memoria de su vida, su visión del arte, su compromiso con un teatro abierto a la paz y al ser humano diferente. El título del volumen es José Monleón o el iluminador de sombras, cuya edición he tenido la fortuna de compartir con su hija Ángela Monleón. Ella me ofreció la oportunidad de ayudarla en su construcción respetando lo más posible el código vital, cultural y teatral que caracterizó la trayectoria del fundador del Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo.
          El proceso que debimos seguir para llegar a los 28 textos que conforman la edición resultó largo y laborioso. Son textos que tienen todo tipo de formato y de registro literario. Unos son conferencias transformadas en lecciones literarias y otros, textos que se reescriben después de una intervención pública para fusionar lo dicho con lo  que se quiso decir. Monleón ejerció de intelectual que se presentaba como una persona muy libre en las diferentes facetas de su vida, y también en el uso de los códigos de escritura. En sus innumerables intervenciones públicas usaba ante un auditorio entregado el tipo de oratoria y lenguaje que consideraba más apropiado para el espacio social en el que se encontraba.
        Al empezar a pensar en los materiales del libro, quisimos inventariar los temas y los argumentos que le fueron preocupando en sus diferentes etapas vitales. Se trataba de agrupar las principales líneas, los ámbitos esenciales en los que situó sus preocupaciones vitales, sus inquietudes culturales y políticas, sus descubrimientos teatrales, sus retos profesionales.
       A partir del año 2000 mostró interés por dejar escritos determinados episodios de su vida, la infancia y la adolescencia, las vivencias de la guerra civil y del primer franquismo. El libro La travesía reúne esos testimonios. Su contenido no pretendía ser unas memorias completas, pero ya mostraba su especial interés por incorporar la vida personal a los libros, artículos y conferencias, ofreciendo una imagen vibrante de intelectual que agrega a su razonamiento, el corazón y la emoción de sus experiencias.
        Quisimos imaginar que además de ser una persona que siempre defendía su libertad de opinión, supo también ejercer de rebelde con causas, en las que incluso sometía a revisión su propia conducta o sus propias determinaciones. El perfil de amotinado de Aranjuez le iba como anillo al dedo. Pepe -recuerdo ahora- primero iba a la contra, en un pulso inicial ejercía la crítica, pero luego intentaba construir complicidades y sumar voluntades para crear cuerpo social.
       Era evidente que su análisis del teatro conservador español durante el franquismo se había nutrido de clases dadas en las aulas, de centenares de artículos y críticas teatrales publicados en Triunfo, Primer Acto, Diario 16...  En ese inmenso espacio de escritura debíamos encontrar parte de los textos elegidos para el libro. Monleón militó en el rescate de la cultura republicana, mutilada y exiliada por el golpe de estado de Franco y la inevitable guerra civil. Max Aub, Rafael Albertí, Miguel Hernández, García Lorca, Valle Inclán, José Ricardo Morales corresponden a la nómina de obras y autores a los que se entregó en cuerpo y alma desde los años 60. 
    La trayectoria vital de Monléon experimentó una transición y transformación cultural mucho antes de que el dictador diera su último suspiro en El Pardo. Antes de 1975 ya había descubierto y escrito sobre el teatro europeo de vanguardia en festivales donde Grotowski, Stanislawsky o Artaud, proponían nuevas formas de dramaturgia y de consideración del trabajo actoral. Conoció anticipadamente la nueva escena europea. Pero mientras ponía un pie en nuestro viejo continente, el otro pisaba tierra firme por América Latina, donde desplegó un importante trabajo informativo y un activismo teatral que mantuvo vivo toda su vida. En esos espacios internacionales es donde imaginó e impulsó una nueva manera de considerar el flamenco. Lo sacó del tablao para subirlo al escenario y le incorporó el sentido dramatúrgico que mantenía oculto. La Cuadra de Sevilla es la compañía española que representa perfectamente lo que Monleón soñó e imaginó cuando llevaba espectáculos flamencos al Teatro de las Naciones de París.
          Aun nos quedaban otras áreas que tomar en consideración para completar el sumario del libro. Gestionó festivales, fue pionero en crear plataformas culturales. Puso en marcha el Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo convencido de que desde el sur geográfico y social, desde el sur mediterráneo, se podía profundizar en una cultura de paz y de aceptación del otro diferente. No queríamos olvidar  que durante largos años ejerció de profesor de Sociología del teatro en la RESAD y escribió en los medios informativos crítica teatral, para subrayar las propuestas que eran innovadoras o desautorizar las producciones que suponían una involución. Los artículos de reflexión sobre su oficio, sobre los actores y los directores, sobre la autoría y la representación teatral, debían también integrar el índice del libro.
        Y por último, otro argumento básico a valorar era consecuencia de su militancia por la paz. En los últimos tiempos Pepe mostró una profunda preocupación por potenciar el encuentro de las tres culturas, el encuentro de las diversas religiones, para que la paz no fuera por imposición o por negación del otro, sino por síntesis y fusión de los mensajes de la tradición mediterránea. De ese modo Ángela y yo, al llegar al final del camino investigador y recopilador, descubrimos que el niño de la guerra, que había descubierto la violencia muy pronto, de adulto se había transformado en militante de la paz y la interculturalidad.

          Rodeados de académicos y amigos hemos presentado el libro en el Teatro de la Comedia, en Madrid. Ha sido un emotivo homenaje, dedicado a un hombre de teatro que se anticipó a las encrucijadas que ahora estamos viviendo. Un ciudadano del mundo que vivió las realidades y el tiempo en directo, para transformarlos en pensamientos y escritos que ahora recuperamos.